Obama, entre aciertos y deudas, irá por 4 años más

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Sus errores fueron muy criticados, pero se llenó de elogios con otras medidas. El carismático presidente logró la reelección hasta 2016.

Barack Obama dejó de ser el mito que deslumbró en 2008 para convertirse en un político de carne y hueso que acumula logros y fracasos tras cuatro años en la Casa Blanca. Ahora, tendrá una segunda oportunidad para llevar al país "a un lugar mejor" y confía en que los ciudadanos le revaliden el mandato como presidente.

Eso sí, reconoce que el camino será "difícil" por la debilidad de la economía, acentuada por un alto desempleo y la crisis en Europa. Ese es el principal enemigo del primer presidente negro de los Estados Unidos.

De ahí que la principal promesa de Obama para un segundo mandato, lejos de sus ambiciosos planes de 2008, sea poner en marcha una serie de iniciativas para reactivar la economía: más gasto en educación, más empleos en el sector manufacturero, menos dependencia del petróleo extranjero y más impuestos a los ricos.

Acaba de cumplir 51 años y su cabello se llenó de canas; pero –en palabras de la propia primera dama- sigue siendo el mismo hombre del que Michelle Obama se enamoró cuando se conocieron en Chicago y "conoce el sueño americano porque lo ha vivido".

Un 4 de agosto de 1961 nacía en Hawai, el estado más joven y lejano del país, un niño llamado Barack como su padre, el economista keniano educado en Harvard Barack Obama Sr., pero a quien le dejó huella su madre, Stanley Ann Dunham, una antropóloga de Kansas.

Tras la separación de sus padres cuando apenas tenía dos años, el pequeño Barack Hussein sólo volvió a ver a su progenitor una vez más y el nuevo matrimonio de su madre lo llevó al país de su padrastro, Indonesia, donde se educó en escuelas musulmanas y católicas.

A los 10 años su madre lo envió de vuelta a Hawai, con sus abuelos, para que recibiera una mejor educación. En su adolescencia hubo escarceos con las drogas y estaba más pendiente del básquet que de los libros, pero fue un alumno brillante y terminó estudiando Políticas en la Universidad de Columbia y Derecho en Harvard.

Su abuela materna, Madelyn Payne Dunham, fallecida el día antes de su histórico triunfo electoral el 4 de noviembre de 2008 y quien lo quiso "más que a nada en el mundo", lo inspiró a pensar en grande.

Ella "creía en la promesa fundamental del sueño americano" de la recompensa al trabajo duro "y nos resucitó" con su ejemplo, según Michelle, una abogada con la que Obama se casó en 1992 y con quien tiene dos hijas, Malia y Sasha.

Chicago, la ciudad de Michelle, le ha dado mucho al presidente. Allí se mudó en los ochenta y fue trabajador social, luego profesor y defensor de los derechos civiles hasta dar el salto a la política en 1997 con su elección como senador estatal de Illinois.

En 2004, tras ganar relevancia en la Convención Demócrata con un discurso en favor de la reconciliación racial, Obama desembarcó en la política nacional y entró al Senado.

Galardonado con el Nobel de la Paz en 2009 por sus "esfuerzos extraordinarios por reforzar la diplomacia internacional", puso fin a la guerra de Irak, fijó el camino para la retirada de Afganistán y autorizó la operación militar que acabó con la vida de Osama bin Laden el 1 de mayo de 2011.

También aprobó en 2010 una histórica reforma que establece el seguro médico obligatorio, un logro sobre el que la sociedad estadounidense está muy dividida.

La polarización en el Congreso entre demócratas y republicanos se acentuó durante su mandato y eso bloqueó iniciativas de ambas partes para impulsar la economía tras la mayor crisis desde la Gran Depresión, aunque rescató con éxito a la industria del motor en 2009 y sacó adelante la ley de reforma del sistema financiero.

Sin embargo, no cumplió la promesa de cerrar la polémica cárcel de Guantánamo y los hispanos, una fuerza creciente en EE.UU., le reclaman que tampoco pusó en marcha una reforma migratoria.

Progresista, competente, racional y decente. Así ha sido Obama para la respetada revista The New Yorker, que acaba de expresar el apoyo a su reelección y destacó, ante todo, su profundo sentido de la integridad y la justicia.

También dejó ver el lado oscuro de su temperamento con una cierta tendencia al aislamiento, a la autosatisfacción y a la pasividad.

Él mismo admitió que uno de los mayores errores de su mandato fue no saber "conectar" mejor con los ciudadanos y por eso pide ahora una segunda oportunidad para "seguir hacia adelante", como reza el lema, "forward", de su campaña por la reelección.

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