Se cumplen 40 años del golpe de Pinochet a Salvador Allende
Después de 23 años de democracia, todavía el exdictador dejó vigente su herencia política y económica neoliberal a través de su Constitución de 1980.
El ex dictador chileno Augusto Pinochet dejó vigente, a 40 años del golpe de Estado que lo llevó al poder y a casi siete de su muerte, su herencia política y económica neoliberal a través de su Constitución de 1980, en pie casi en su totalidad, tras 23 años de democracia.
Su nombre saltó a la fama en 1973. El 23 de agosto de ese año Pinochet fue confirmado como jefe del Ejército por el presidente socialista Salvador Allende, a quien juró lealtad, en una subordinación que sólo duró 18 días. El 11 de septiembre ordenó el ingreso a sangre y fuego al Palacio La Moneda, sede del gobierno, donde murió el presidente constitucional.
"Ayer estábamos al borde del abismo, hoy hemos dado un paso hacia adelante", dijo triunfante luego de aquel golpe de Estado. Así inició una dictadura que costó miles de muertos, desaparecidos y exiliados, y engendró una corrupción que lo caracterizó hasta sus últimos días, que pasó bajo libertad condicional y sin ninguna condena en firme.
Para sus seguidores, el "Tata", como lo solían llamar, fue el hombre "que salvó al país del marxismo" y el mentor del modelo económico neoliberal del que un número importante de chilenos se enorgullece.
El "milagro chileno", como se lo conoció popularmente, se convirtió en el ejemplo y bandera del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.
Para sus enemigos, es quien quebrantó la democracia e implantó una dictadura que tuvo en la represión, muerte y desaparición de personas, delitos de los que quedó impune, el único argumento para imponerse, con el apoyo del gobierno del expresidente de Estados Unidos Richard Nixon y su secretario de Estado, Henry Kissinger.
En agosto de 1988 fue designado por la Junta Militar candidato único a la presidencia en el plebiscito del 5 de octubre, en el que 55,2% de la ciudadanía rechazó sus intenciones de continuar gobernando hasta 1997.
Tras las elecciones generales de diciembre de 1989, en que fue elegido el democristiano Patricio Aylwin, Pinochet abandonó el poder en marzo de 1990, pero continuó como jefe del Ejército hasta marzo de 1998. Y antes de irse se aseguró un nombramiento como senador vitalicio, cargo al que renunció en 2001.
De todos modos, mantuvo su inmunidad en calidad de exgobernante, una herramienta que utilizó para trabar su enjuiciamiento cada vez que se solicitó su desafuero.
El juez español Baltasar Garzón logró que lo detuvieran el 16 de octubre de 1988 en Londres, donde estuvo retenido durante 503 días por cargos de terrorismo, genocidio y torturas.
Pero la intención de llevarlo a las cortes fracasó. Pinochet regresó a Chile alegando deficiencias físicas y mentales que él mismo se encargó de desmentir cuando, en plena pista del aeropuerto santiaguino, se levantó de la silla de ruedas con que lo habían bajado del avión.
"Su libro preferido fue 'El arte de la guerra' de Sun Tzu", un texto sobre estrategia que recomienda sobre todo la simulación. "Parecer quieto cuando se avanza", explicó el periodista Cristóbal Peña, autor de "La secreta vida literaria de Augusto Pinochet", quien sostuvo que el exdictador siguió al pie de la letra los consejos del estratega y filósofo chino.
"En este país no se mueve una hoja sin que yo lo sepa. ¡Que quede claro eso!", enfatizó a una revista local en 1983 y precisó, dos años después, que a su juicio "esto no fue nunca una dictadura. Esta es una dictablanda".
La ex mandataria Michelle Bachelet, favorita entre los aspirantes a ocupar la presidencia, afirmó este año que es necesario plantearse "una nueva Constitución", tras la reforma del 2005 que eliminó los senadores designados y vitalicios.
En una carta póstuma, denominada "Mensaje a mis compatriotas para ser difundida a mi fallecimiento", y publicada por el diario El Mercurio dos años después de su muerte, Pinochet defiende el "pronunciamiento militar", como llama al golpe de Estado que inició su dictadura.
La carta admite que, en el `73, "por las características del contrincante, fue preciso emplear diversos procedimientos de control militar, como reclusión transitoria, exilios autorizados, fusilamientos con juicio militar".
En los párrafos finales la carta señala: "Mi destino es un tipo de destierro y soledad que jamás hubiera pensado y menos deseado", en lo que parece una alusión a los procesos judiciales en su contra por violaciones a los derechos humanos y enriquecimiento ilícito, tras revelarse que mantenía cuentas bancarias secretas en el exterior.
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