Las reglas del juego, sus gráficos y sus interminables niveles tienen atrapados a 93 millones de usuarios que lo juegan cada día aunque tengan que comprar vidas extras.
De mecanismo simple y reglas básicas, el Candy Crush se propagó más rápido que un virus por computadoras, tablets y celulares para que sus jugadores puedan alinear caramelos según el color y pasar raudamente de nivel, lo que lo hace adictivo, según el sitio inglés The Guardian.
La combinación de simpleza en la dinámica y la posibilidad de pasar de nivel fácilmente al principio para después estancarse es lo que mantiene enganchado a los 93 millones de usuarios que juegan cada día en todo el mundo.
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El éxito del jugador depende de su suerte, de los colores que le hayan tocado arbitrariamente, pero las "mini recompensas" que recibió al poder pasar de nivel rápido al principio servirán como gancho para mantenerlo interesado a lo largo de las interminables categorías.
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Lo que ocurre es que el cerebro produce dopamina, un químico que da sensación de satisfacción y cementa los procesos de aprendizaje y los hábitos que adquiere el ser humano. La sustancia en cuestión ingresa en el mismo neuro circuito donde las drogas hacen estragos, y la persona que juega Candy Crush cree que está en control, que sus aptitudes lo harán ganar.
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