Auri Gorosurreta
Auri Gorosurreta

  • Perros, caballos y hasta delfines que son usados en casos de autismo, retraso mental y otros padecimientos físicos, psíquicos y motores.
  • minutouno.com habló con especialistas en zooterapia que compartieron su experiencia donde lo terapéutico se mezcla con lo lúdico.

Además de ser los mejores amigos muchas veces pueden ser los mejores terapeutas. Delfines, caballos y perros son algunos de los animales usados en diferentes terapias que ayudan a niños y adultos con diferentes problemáticas.

Raúl Mendoza, es nieto de resero. Su abuelo, se dedicaba al transporte de mercadería en carretas, oficio que heredó y que lo llevó a conectarse con caballos de polo, competición y salto hasta que un día, y sin buscarlo, descubrió su función terapéutica. “Yo era chico y me quedé impactado el día que vi como un amigo que tenía retraso madurativo logró abrazarse con la yegua más brava del lugar. Me intrigo mucho esa imagen y me empecé a interesar en el tema”.

Gracias a su investigación, hace 6 años abrió el Centro Equino Terapéutico «El Resero» de Toay, en La Pampa, que hoy cuenta con 14 caballos. El paso de estos animales transmite al jinete 110 impulsos por minuto, en una serie de oscilaciones tridimensionales. Mendoza explica a minutouno.com que estos movimientos se usan para diferentes terapias como la "equitación para discapacitados", que así logran mejorar el equilibrio, la movilidad, y las funciones de comunicación y de comportamiento para pacientes de todas las edades.


Los romanos usaban caballos como herramientas de rehabilitación durante la guerra    

“Es una rehabilitación alternativa y complementaria, gracias a los principales beneficios del equino que son su movilidad tridimensional y que transmite 36 grados, temperatura beneficiosa para ciertas dolencias”, comenta Raúl, que recuerda con emoción el caso de un chico de 10 años reacio a los afectos y que su primer abrazo se lo dio a un caballo. "Ni siquiera lo había hecho con su mamá, este contacto le cambio su personalidad y le enseñó a sonreír”.

Marcelo Telechea tiene 38 años pero su cuerpo y mente responden como el de un niño de 6.  En “El Resero” aprendió a contactarse con animales y técnicas de mansedumbre y adiestramiento que le permiten presentarse en exhibiciones. “Llegó con una depresión aguda y hoy se siente un actor de circo”, comenta Raúl, que cuenta con el apoyo de Debora, su hija de 15 años que viaja junto a él a todas las capacitaciones.

Otro es el caso de Marcelo Lucano, un nene de 8 años que un día descubrió este centro terapéutico pampeano y se mudó allí desde su Río Negro natal para seguir el tratamiento de equinoterapia y tratar su atrofia muscular. "Tenía una parálisis cerebral que no lo dejaba estar parado ni mover la mano ni pierna derecha. Gracias a la terapia logró el crecimiento muscular y adelantar 3 años una operación  que tenía programada", cuenta Mendoza.  

Parálisis cerebral, esclerosis múltiple, autismo, síndrome de down, espina bífida, traumas cerebrales, distrofia muscular, anorexia, bulimia, afecciones crónicas, discapacidad física, sensorial, enfermedades mentales, son algunas de las afecciones que se pueden tratar con esta particular terapia.

Mucho más que un simple guau guau


 


El animal es una herramienta de trabajo, no hace magia, necesita del asesoramiento de profesionales. Es un trío, entre el profesional, el paciente y el animal. Así un perro, un caballo o un delfín facilitan el contacto y transferencia de la ayuda entre los que ayudan y quienes la reciben”, explica Adriana Marano, presidenta de la Fundación Zooterapeuta T.A.C.A.E que reúne psicólogos, psicoanalistas, ayudantes terapéuticos que trabajan ad honorem en San Martín.


 


"No tenemos techos para las edades ni enfermedades que no trabajemos, porque cada caso es muy personal y no se le puede aplicar una receta hecha de antemano", puntualiza Marano. Así pueden trabajar con dolencias desconocidas aún desde el campo clínico, ya que su labor consiste revalorizas las capacidades del ser humano más allá de la limitación que puedan padecer.

Alicia Dell´ Arciprette, siempre estuvo rodeada de animales. Una pasión que desde hace unos años realiza en forma “profesional” desde que preside la agrupación Terapia Asistida Con Perros (TACOP). Allí suma además su experiencia como acompañante terapéutica, es decir, canalizado a través de los animales el deseo de ayudar.


"Se mezcla lo lúdico con lo emocional"        

Cada animal tiene aptitudes para determinadas patologías aunque el perro no discrimina y otorga afecto a cualquier persona”, explica a minutouno.com. Igualmente destaca que se hace hincapié en diferentes perfiles: el del paciente, el del can, la patología y su entorno familiar. Decisión que quedará en manos del psicólogo y el adiestrador de la fundación.

Los beneficios son amplios: a nivel cognitivo, psíquico, físico, social, educacional y sensorial. En TACOP además de tratar a chiquitos autistas y con síndrome de down también se emplean animales para ayudar a niños víctimas de la violencia familiar.

“En estos caso trabajamos con perros mestizos (los que no son de raza pura) ya que a diferencia de otros casos a veces permitimos que se lleven los perritos a sus casas y de otra manera no daríamos abasto. Hay nenes muy violentos que en contacto con los animales aprenden a ser más sociables, a brindar afecto y tener límites”, explica Alicia.  

Vale aclarar que si bien todos lo canes suelen ser demostrativos y afectosos, no todos están listos para "ejercer" en este tipo de terapias. Así, a partir de la séptima semana de vida los cachorros son adiestrados y educados hasta lograr una madurez emocional. Preparar a un perro puede demorar entre 18 meses y dos años. Alicia y su equipo trabajan arduo para socializarlos y desensibilizarlos, esto es, lograr que los perritos tengan la capacidad de soportar palmadas fuertes, golpes o tiradas de cola por parte de los nenes en rehabilitación.