Misión Rosetta: la humanidad no permanecerá atada a la Tierra
Con particular frase se ve encabezado el monumento fúnebre que rinde homenaje a uno de los padres de la cosmonáutica: Konstantín Tsiolkovsky, uno de los pioneros a la hora de prever la carrera espacial que notó como pocos la extraña obsesión humana de trascender el planeta Tierra. ¿Acaso la misión Rosseta con su robot Philae no responde a esta búsqueda existencial?
Dilema existencial alrededor de los proyectos espaciales: la ausencia de certezas sobre nuestro origen
Llama la atención cómo se suele caracterizar a diferentes misiones científicas para que con unas pocas palabras se de cuenta de su espíritu: "Rosetta" se llama la piedra que permitió descifrar el enigma de los jeroglíficos egipcios; ahora necesitamos que una vez más resuelva una incógnita: nuestra existencia.
Así entonces notamos que aún con el paso del tiempo y los avances tecnológicos que nos asombran día a día, la angustia por no poder trascender nuestro lugar y por desconocer los orígenes de nuestra existencia nos sigue embargando y, al mismo tiempo, movilizando. Es que nos parece absurdo que esto que nos es tan propio como el hecho de ser conlleve incógnitas tan profundas e irresolubles, ya que nos vemos inmersos en una paradoja infame en donde nos sentimos con la potencialidad de conocer todo lo que está por fuera, pero no somos capaces de saber lo que nos ha originado. Nos preguntamos y nos repreguntamos topándonos siempre ante lo mismo: la incertidumbre, la Nada.
De esta manera nos queda posar nuestra visión en el cielo, esperando una respuesta, deseando saber si desde allí hemos venido e intentando encontrar la manera de volver. La Tierra nos ha quedado pequeña, necesitamos salir de ella porque nos muestra nuestras fronteras y si hay algo que como seres humanos no hemos tolerado son las limitaciones. Tal vez esta intolerancia sea el mejor motor para "desatarnos" de ella.
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