A propósito de Cristina, las mujeres que gobernaron la historia

*La presidenta electa de los argentinos quedará, al cabo de su gestión, entre las estadistas que superaron a sus maridos gobernantes, o entre las que no pudieron lograron.

Teniendo en cuenta el encuadre político de Cristina Fernández de Kirchner, mirando hacia la historia se puede establecer, entre otras clasificaciones, dos tipos de mujeres gobernantes: las que superaron ampliamente a sus maridos y las que no lograron hacerlo.

En la primer categoría, justo es dejar a fuera a las líderes cuyos maridos no tuvieron peso político o, liza y llanamente, eran ajenos al ámbito político.

Es el caso de Margaret Hilda Roberts, la esposa de mister Thatcher, un empresario que se beneficiaba de la política pero jamás ingresó personalmente en su escenario.

También de Indira Gandhi, cuyo marido, Ferozi Gandhi, era un gris abogado de Bombay que no sólo despreciaba la política sino que,. Incluso le temía.

Lo mismo vale para la laborista israelí Golda Meir y tantas otras mujeres estadistas cuyos esposos no fueron, en modo alguno, sus plataformas de lanzamiento político.

En esta clasificación, dentro de la cual tendrá la presidente electa de los argentinos un lugar que el futuro dirá, las que cuentan son las esposas de grandes líderes políticos.

Entre ellas están las que superaron y las que no superaron la estatura histórica de sus maridos.

La lista de las que no sobrepasaron la envergadura del esposo es quizá más larga. Mientras que, por cierto, se destaca la lista de las gobernantes que lograron brillar por sí mismas y con más intensidad que quienes las depositaron en el escenario político.

En el fondo de la historia está, entre tantas otras, Semíramis reina asiria que pidió prestado y posteriormente se adueñó del poder de su marido, el rey Nino.

Si Nino quedó en la historia como el fundador de Nínive, su esposa Semíramis además de la historia se convirtió en mito por ser una de las hacedoras de la grandeza del imperio babilónico.

Dejando de lado la larga lista de mujeres estadistas actuales, donde muchas, como la alemana Angela Merkel y la chilena Michel Bachelet, no recibieron espaldarazos de maridos célebres, los mejores ejemplos del rubro en el que competirán Cristina Kirchner y Hillary Clinton (o sea el de la estadista casada con líder político), están en el siglo 20.

Por caso la singalesa Surimavo Bandaranayke, viuda de uno de los padres de la independencia de Sari Lanka, la antigua Ceilán, a pesar de ser una ama de casa, como gobernante proyecto una sombra que sobrepasó por lejos a la de su asesinado esposo Salomón, que gobernó y lideró el Partido de la Libertad

Más conocido y cercano es el caso de Corazón Aquino, viuda del dirigente Benigno Aquino, asesinado por sicarios del dictador Ferdinand Marcos por ser un duro opositor de su tiranía en Filipinas.

La presidenta “Cory” no sólo pudo pilotear con éxito la transición democrática sobreviviendo a intrigas y asonadas, sino que además inició las negociaciones de paz que pondrían fin a la guerra con el Frente Moro en la isla de Mindanao.

Quizá también Mireya Moscoso fue más allá que su marido Arnulfo, el archirival del general Omar Torrijos, cuando logro completar su mandato como presidenta de Panamá; gestión que no brilló demasiado pero que estabilizó el tembladeral que había dejado la invasión norteamericana y la caída de Noriega.

Más claro es el ejemplo de Violeta Barrios, la viuda de Pedro Joaquín Chamorro, creador y director del diario nicaragüense La Prensa.

Si Chamorro tuvo el mérito de haber desafiado a la obscena tiranía somocista, siendo finalmente asesinado por ella, Violeta tuvo un cuádruple mérito: haber colaborado con el triunfo sandinista sobre Anastasio Somoza; haber aglutinado a la oposición demócrata para enfrentar al sandinismo cuando éste se convirtió en régimen autoritario; haber vencido a Daniel Ortega en las urnas y, finalmente, haber sido la presidenta de la transición de Nicaragua hacia el sistema que jamás había tenido: la democracia.

Si la socialista Segonele Royal hubiera llegado a la presidencia de Francia, donde sólo una mujer logró el cargo de primer ministra (Edith Cresson), ese sólo hecho la hubiera puesto por encima de su compañero sentimental, el dirigente socialista Francois Hollande. Pero no pudo frente a Sarkozy.

Por lo tanto, el mundo observa ahora a Hillary Rodham y a Cristina Fernández.

En el caso norteamericano, parece imposible que la precandidata demócrata, de llegar al Despacho Oval, pueda superar la lúcida y valoradísima gestión de Bill Clinton.

La tarea no sería tan ardua para Cristina, aunque tampoco parece algo simple de alcanzar. Sin embargo, los primeros signos emitidos por la presidenta electa (sobre todo en el discurso de la noche de su triunfo) resultan promisorios.

El tiempo y la gestión gubernamental tendrán la última palabra.

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