*Si de amores se trata, Susana es imbatible. Eso es lo que se vio durante la primera semana de su temporada 2008 en Telefe y lo que reflejó la planilla del rating.
A Susana Giménez, el amor le sienta bien. Eso es lo que se vio en la pantalla de Telefe durante la primera semana de su temporada 2008. Por el living de la conductora, pasaron figuras dispuestas a hablar de lo que a ella le despierta una curiosidad genuina y además, contagiosa. Para mi gusto, aquellas charlas fueron los segmentos más atractivos del ciclo. Casualidad o no, cuanto más locuaces se mostraron sus interlocutores a la hora de narrar historias personales vinculadas con sus sentimientos, mejores frutos cosechó el programa en la planilla del rating.
En la noche del debut, la presencia de Facundo Arana, fascinado con la experiencia de ser padre por primera vez, el ciclo midió 28, 4 puntos de promedio, la misma cifra que, en otro horario, marcó el gran tanque de la TV argentina, “Showmatch”. Al día siguiente, con Wanda Nara contando los detalles del romance con Maxi López, su flamante esposo, Susana hizo 27 puntos.
El miércoles, llegaron Sebastián Estevanez e Ivana Saccani, quienes presentaron a su hijita Francesca. “Al verla, dije: con ella me caso”, recordó el actor. Pero como suele ocurrir, en las telenovelas y en la vida, los protagonistas tuvieron que voltear obstáculos para afianzar el vínculo: él estaba casado y pasó un año rumiando su fascinación por Ivana hasta que decidió ponerle fin a su matrimonio, llamarla y largarse a vivir con ella la pasión que los une. Como era de esperar, el relato de ese amor difícil imantó a Susana y a los numerosos espectadores que le dieron al ciclo 23,6 puntos de rating promedio.
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El jueves fue el día que menos midió el ciclo: 21.7 puntos. Sospecho que la baja no fue ajena al hecho de que la historia de amor que se contó fue la de dos personas parcas frente a las cámaras que además están separadas y sin voluntad de reconciliarse, afirmaron. Me refiero a Amalia Granata y Cristian Fabbiani, quienes presentaron a su pequeña hija Umma en una entrevista mucho más breve que las anteriores. Tenían poco para decir, fuera de explicar que son padres dichosos y responsables pero que a ellos, no los une el amor ni el espanto; ni enamoramiento ni odio, sólo una buena relación, civilizada. No hay caso: los espectadores adoramos las historias apasionadas. Y Susana, también.
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El viernes, el rating volvió a subir: 23.3 puntos. El ciclo de Susana ocupó el segundo lugar, detrás de “Showmatch”, en el ranking de los programas más vistos de la jornada. ¿Qué había pasado en el living esa noche? Emilia Attias y el Turco Naim explicaron con lujo de detalles cómo se conocieron y cuál fue el rumbo de la relación que al día de hoy, es la de un hombre y una mujer enamorados. Luego, la siempre polémica Silvia Suller, quien sorprendió narrando el final de su “guerra de los Roses” con Silvio Soldán, “el gran amor” de su vida, y presentando al hijo de ambos, Christian.
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Por lo demás, el ciclo de Susana tuvo secciones de karaoke, magia, charlas con actores respecto de su profesión, números musicales. Todo bien producido, prolijo, con buen timming televisivo. Sin embargo, la diferencia la hicieron las historias de amor. Susana Giménez no es periodista ni lo quiere ser. De hecho, cuando le toca entrevistar, con la sinceridad que la caracteriza, no oculta que le han dado las preguntas escritas y las exhibe, sin tapujos. Pero cuando se trata de saber lo que atrapa a cualquier humano, es decir, el modo en que el destino teje la red del enamoramiento entre dos seres, Susana es imbatible. Entonces, la conductora no necesita los machetes; con su curiosidad natural y su disposición a no indagar más allá de los límites de la discreción, se arregla sola. Y lo hace de maravillas.
Del otro lado del televisor, uno se siente un invitado más en el living de las confesiones amorosas. Sólo resta desear que el productor del ciclo, Gustavo Yankelevich, siga exprimiendo esa fruta jugosa que Susana devora con una fruición capaz de despertar un apetito irresistible en la audiencia.
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