Adrián "Facha" Martell": Si tuviera que vender mis experiencias, sería millonario"

*T. Night en una charla sin desperdicios con el Facha Martel. ¡Imperdible!



  • Fue integrante del grupo de galancitos, surgidos en los ’80, junto a Carlos Calvo, Raúl Taibo, Ricardo Darín, entre otros quienes compartieron un departamento muy particular.


  • Llegó al máximo de su popularidad de la mano de Alberto Olmedo en “No Toca Botón”.


  • Nació hace 59 años en el barrio de Abasto, Adrián “El Facha” Martel, hace memoria de sus historias en la noche, cuenta su anécdotas y conquistas de ganador.

 


T-Night: - ¿Cuando empezaste a salir?


Facha: - Yo arranque a los 16, 17 años. Iba a un boliche íntimo que se llamaba La Viga, en Schiaffino y Libertador. Salía con un amigo, Maximiliano, que era integrante de un dúo, y había un tercer integrante era Cacho Castaña. No podía contra ellos porque se ponían a cantar y no levantaba a ninguna, se las llevaban todas ellos.


 


T.: - ¿Cómo te las rebuscabas?


F.: - Para competirles, me aprendí un poesía que se llamaba “El Perdón”, que obvio supuestamente la había escrito yo. Se trataba de una mina que había cagado al marido, y él la perdonaba. Pero las minas se iban, y después descubrimos que las el tipo era un perdedor terrible, y si yo era el protagonista, era un pelotudo, entonces los muchachos me obligaron a dejar de decir las poesías porque además se les iban hasta las minas de ellos.


 


T.: - ¿Siempre salías por Capital?


F.: - Frecuentaba lugares como Gon, Picadilly o Holiday. O sino en La Plata cuando iba a ver a Gimnasia. Me iba de joda con algunos jugadores de los ’70.


 


T.: - ¿Sentiste muchos cambios cuando te llegó la fama?


F.: - A los 30 tenia que batallar mucho, tenía que hablar mucho para ganar. Cuando tenía 40, las ganaba mudo ya que la caja boba te da mucho. Tuve la suerte de ser siempre lindo y eso ayuda (se ríe)


 


T.: - ¿Qué eras capaz de hacer para levantarte una mujer?


F.: - Cuando tenía 20 años paseaba por la avenida Santa Fe y era capaz de dejar tirado el auto para correr a una mina. Me cayó la ficha de que era famoso cuando, una vez, una me tiró: “¿Te crees que por salir en televisión yo tengo que estar con vos?”. Perdí esa satisfacción que tenía de perseguir minitas por la calle y traerme unos cuantos teléfonos a casa, como hacíamos el día de la primavera con mis amigos.


 


T.: - ¿Cuando empezó la fama?


F.: - Lo mío fue muy de golpe. En el año 80, antes de Olmedo. Trabajé en un programa de Sofovich que se llamaba “Departamento de Comedia”. Era un personaje que se llamaba “El Facha” (ahí nació mi apodo). Y después de eso, tuve que cambiar las formas.


 


T.: - Una vez integrando la trouppe de “No Toca Botón”, ¿A donde salían?


F.: - El lugar de moda era la City. Olmedo trabajaba en Michelangelo en ese entonces, y se había puesto muy snob ver el programa los viernes a la noche, después ir a donde laburaba El Negro y de ahí al boliche. Era el lugar para no perderse. Teníamos un privado para nosotros, pero me da mucha bronca le VIP, porque no nos dejaban hacer entrar minas (esbozando una sonrisa). Igual con personajes tan popular, yo pasaba casi desapercibido.


 


T.: - Me imagino que tendrás millones de historias con Alberto.


F.: - Una vez estábamos comiendo en un restaurante y había un par de rubias. El me dice: “ahora van a venir a la mesa y las vamos a llevar a casita”. Yo dudaba, y El Negro me asegura: “Quédese tranquilo Martel, son nuestras”. Efectivamente las minas vinieron, pero me daban las espalda, hasta que una se da vuelta y me dijo que también era lindo, pero seguían con el. Olmedo firmaba autógrafos y ponía abajo el número de habitación del hotel donde vivía “por si vienen”. Me termina diciendo que no pudo hacer nada por mí.


 


T.: - ¿Era difícil levantar con alguien más famosos que vos?


F.: - Siempre ligabas algo, pero con famosos que me dejaban el descarte. Un día salíamos del teatro y lo vinieron a buscar 2 minas a Olmedo. Me miró y me dijo: “Hoy no lo puedo llevar Martel porque estoy en pareja”. Yo ya lo conocía y me reía.


 


T.: - Cuando iban al a City, ¿se sumaban otros famosos?


F.: - Con Alberto era una invitación a puertas abiertas.


 


T.: - ¿Porcel también iba?


F.: - No, éramos toda buena gente nada más. (Silencio irónico). La diferencia entre ellos era mucha. Nunca vas a escuchar hablar mal de Alberto, en cambio del gordo, ni el hijo lo lloró cuando murió. Pero mejor dejémoslo ahí.


 


T.: - ¿Era diferente salir con Olmedo o Monzón?


F.: - Con el negro era una salida divertida pero siempre con algo cultural. Hablábamos mucho de trabajo. Salir con Carlos era más violento, directo a los bifes. Un verano fuimos a ver el súper clásico a Mar del Plata. Monzón se mandó de una y yo me quede en a puerta. A los 20 minutos salió a preguntarme porque no había entrado y ahí le dije que a él no le pasaba nada si hacía eso, pero a mi me cagaban a trompadas si lo intentaba. En Mar del Plata tenemos miles de historias.


 


T.: - ¿Te acordás de una noche que te haya salido todo redondo?


F.: - No me acuerdo una en particular, pero si tuviera que vender mis experiencias, sería millonario.


 


T.: - ¿Creés que las minas hoy están mucho más fáciles?


F.: - No para mí. A veces me pasa que las madres les hablan a las hijas de mí, de lo que les gustaba. Pero las pendejas que estoy, son producto de las madres.


 


T.: - ¿Tuviste mucho levante de hijas?


F.: - Una vez una mujer me vino a buscar a la tele con una nena en brazos y me saque una foto con la beba. Y con esa nena, cuando ya era mayor de edad, tuve una historia. Y me fui a vivir a Bariloche.


 


T.: - ¿Qué pasó?


F.: - Tuve que ir a hablar con el padre que era comisario para llevármela a Bariloche. Y resultó ser que en era compañero mío de colegio. Terminó todo bien.


 


T.: - ¿Seguís filmando lo que hacés en tu cama con la cámara negra?


F.: - No ya no. Ya pasó eso. Fui el creador de todo eso.


 


T.: - ¿Ya pasó esa época?


F.: - He tenido de todo, pero para no defraudar a los que me visitaron, no lo puedo contar. He vendido departamentos al doble de valor, sólo por lo que tenía adentro. Te imaginarás las instalaciones que había. Tenía grabadores telefónicos porque me gustaba saber lo que decían de mí.


 


T.: - ¿Alguna anécdota?


F.: - Me acuerdo una vez una mina llamo a la amiga para contarle que pasó la noche conmigo, y le dijo que yo no le había practicado el sexo oral como ella se lo hacía. Me quería morir.


 


T.: - ¿Todavía lo tenés ese bulín?


F.: - No. Hace unos años, vendí ese departamento y me encontré con una mujer que lo compró y me decía como usaba. Me moría de vergüenza. Nadie desarmo nada.


Vos entrabas, tocabas un botón y se prendían las luces, se encendía música. Había una habitación que el piso era todo cama. Todos espejos triangulares en el techo. Era la cama que todo famoso de aproximados 50 años la visito seguro. Calvo, Taibo, Darín, Mayorano, Los Galancitos.


 


T.: - ¿Qué fue lo más raro que hiciste para levantarte a una mina?


F.: - He hecho cosas terribles, pero no se pueden contar (lanza una carcajada). Hubo muchas que quise hacer pero no las hice. A mi me parece raro lo del tanque de agua (Tuvo sexo con dos mujeres ahí). O lo de la monja arriba de un avión.


 


T.: - ¡¿Cómo una monja?!


F.: - Fue un enamoramiento. Yo viajaba a Italia sentado al lado de dos monjas, y una era divina. Me preguntaron para que viajaba, les dije que era para visitar al Papa. Me enamore de la mina esa. Y cuando a los 20 días me llevo a ver unas tumbas, y quise buscar el apriete. Pero no pasó nada. A los 2 años me vino a buscar. Pero no pude porque ya estaba en pareja. Me quedó esa cuenta pendiente.


 


T.: - Con tanto viaje, ¿Cómo te manejabas con las extranjeras?


F.: - Uno de los primeros lo hice a  Mediterrané, de Itaparica con Calvo y Mayorano. A la hora del tenis se tiraban todas las raquetas al piso para no crear rivalidades y te podía tocar con cualquiera. Cuando ellos fueron a jugar yo vi una mina. Con ella me fui a unas chocitas que eran muy feas para que no te quedes adentro. Ellos se quedaron jugando con el marido de ella, en su luna de miel mientras yo hacia de las mías.


 


T.: - ¿Y Cuando estuviste en Ibiza?


F.: - Yo viajé con Olmedo para Europa. El se quedo en Marbella con Alberto Cortéz y yo me fui para Ibiza. La locura del mundo concentrada ahí. Es el Paraíso con todos los locos del mundo.


 


T.: - ¿Conociste gente ahí?


F.: - No sólo conocí, sino que me vine con unas española acá. Fui por 15 días pero me quedé 10 más porque presentaron a Roman Polanski. El vivía en un yate con su gente. Le dijeron que yo era el “Frank Sinatra” argentino y me invitó a quedarme. Incluso en un libro de uno de los boliches de allá estoy en una foto con él.


 


T.: - Vos estuviste en el tema de la droga, ¿Cómo ves a los chicos de hoy que están mucho más metidos en eso?


F.: - Creo que la generación de hoy esta perdida. Toman cosas que les hacen mal. Lo que tomábamos hacía mal, pero sabíamos que era. Hoy potencia una cosa con otra, son todas de laboratorio, pastillas de síntesis. Y lo mezclan con alcohol, con energizante, y otra cosa. Han llegado a espacios que antes no. No voy a salvar lo mío, pero antes era sólo marihuana y cocaína.


 


T.: - ¿En tu época de joven había mucha droga?


F.: - Mirá en los 70 se escuchaba hablar de cocaína, pero seguro que el que lo vendía tenia un chumbo en la cintura y una cicatriz en la mejilla. Y los que la tomaban era la gente del turf y del tango. Era mal visto el tipo que jugaba en esa época.


 


T.: - Si fueras parte de la generación de hoy, ¿estarías en la misma movida?


F.: - No te voy a decir que no porque seguro sería el mismo pelotudo. Pero doy gracias a Dios, que antes sólo teníamos eso. Por lo menos que miren como se usa, que se informen, ya que no podemos sacar el mal mayor. Yo presenté proyectos para hacer programas de TV masivos pero a nadie le interesó.


 


T.: - ¿Cuál fue tu última salida?


F.: - En el 99 deje de fumar y de tomar alcohol, también empecé a dejar las sobremesas. Por eso tampoco casi voy a boliches, o me quedo muy poco tiempo. Para evitar eso. Me aburro. Me faltan cosas en la mano, y ni que hablar en la nariz. Y no me animo a volver a probar para no recaer.


 

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