BOLUDEZ: RADIOGRAFÍA DE SU “MODUS OPERANDI”

*¿Cómo se hace para ser “TAN BOLUDO”, para omitir datos una y otra vez, para ser tan sistemáticamente descuidado?

EFE
Por EFE
Luchar contra el boludo es una de las contiendas más espinosas que pueda encarar el ser humano sobre todo por el “modus operandi” del enemigo, un contrincante cuya perversidad no solo es contagiosa y corrosiva, sino camaleónica: esta a la vista (y a la experiencia) de todos que la boludez muta su expresión de manera permanente.

Así, lo que un día puede manifestarse como el olvido o la perdida de un papel que anula todo un extenso o tedioso procedimiento, otro día puede ser la interpretación errónea de un dato que derrumba una exitosa operación, o el “traspapelado” de un certificado que impide completar algún asunto de vital importancia.
   
Olvido, pérdida, mala interpretación y traspapelado son dramáticos sinónimos y subproductos del mismo mal, de una boludez que es mucho mas que un descuido: se trata en realidad de una falta de respeto que termina siendo la manera mas perversa de boicotear o bloquear cualquier intento de progreso o superación.
Un olvido puede ser humano, varios no.

     Ante la cotidiana realidad del accionar del boludo, uno no puede más que preguntarse: ¿Cómo se hace para ser “TAN BOLUDO”, para omitir datos una y otra vez, para ser tan sistemáticamente descuidado? Con esfuerzo y dedicación: con una energía que jamás se dedicara a solucionar problemas o simplemente a ejercer la tarea que le corresponde, el boludo trabaja de manera enjundiosa para el olvido procurando no anotar nada jamás, ni sobre papel, ni en su agenda electrónica ni en ningún otro lado. Su método infalible consiste en confiar en su memoria, acantilado donde comienza la trágica ruta del olvido.
   
El sistema de omisión es utilizado de manera abusiva tanto por los empleados, que deberían recordar sus obligaciones, como por los que tienen poder sobre ellos y, de manera menos obvia, también trabajan para el olvido al confiar en la memoria del boludo. Estos jefes, o como se los llame según su cargo, no solo son socios del fracaso, sino responsables del mismo.


Malo… y caro

La sumatoria de boludeces no solo entorpece la vida de los argentinos sino que, además, resulta carísima. Entre reparaciones, juicios y afines, se estima que el costo de la “boludez argentina” equivale a todo lo que se gasta en educación y salud.
    
Los ejemplos de drama, desastre y quiebra se suceden unos a otros sin generar, en apariencia, ningún tipo de lección o advertencia para las generaciones de boludos que se suceden unas a otras.
    
Cirujanos que “olvidan” gasas o pinzas dentro de la panza de un paciente, pilotos que “desoyen” alertas y alarmas del avión, inspectores que “no inspeccionan” restaurantes o boliches o policías que “destruyen” las pruebas de la escena del crimen por la torpeza de sus acciones. Son boludos de la peor clase: boludos peligrosos. Si bien es cierto que la corrupción puede estar involucrada en parte de las acciones de estos especimenes, lo más probable es que los desastres provocados no sean la expresión de una conspiración de poderosos rufianes sino, simplemente, el escandaloso resultado de un boludo irresponsable.
     
Más o menos conscientes, más o menos responsables, más o menos peligrosos, los boludos son una plaga que azota la vida de los argentinos, una yerba mala que jamás morirá porque, como cantaba Nacha Guevara: “Cuando se es boludo, se es boludo”.

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