Chavismo explícito

*En Venezuela no se abolirá por completo la propiedad privada, ni las clases sociales, y habrá lugar para un “oposicionismo eunuco”.
*Cuba no es el modelo que sigue Chávez. Los modelos están en la Rusia de Putin y en el México del PRI.

Una pregunta ronda América Latina. Es la pregunta sobre el socialismo de Chávez. ¿Avanza el líder venezolano hacia la colectivización y la economía de planificación centralizada? ¿Será abolida la propiedad privada como lo fue en los regímenes comunistas que plagaron el siglo 20? ¿Terminará Venezuela siendo igual a Cuba?


 


Responder estos interrogantes tiene una gran dificultad: los líderes tremendamente osados, desafiantes y confrontativos como Hugo Chávez son impredecibles en la medida en que pueden dar giros copernicanos, en un sentido u otro, cuando enfrentan situaciones que lo acosan. Pero de no producirse ningún acontecimiento que lo desvíe de sus planes, el presidente venezolano consolidará una versión radical de un modelo que no es precisamente nuevo en la región.


 


En rigor, el “socialismo del siglo 21” es idéntico al nacionalismo estatista del siglo 20. O sea que es una copia de los proyectos que encararon grandes líderes como el general peruano Juan Velasco Alvarado, el argentino Juan Domingo Perón, el panameño Omar Torrijos y el boliviano Juan José Torres; además de los líderes civiles Jaime Roldós, de Ecuador, y Getulio Vargas, de Brasil, entre otros.


 


En lo demás, el exuberante líder caribeño es un tradicional exponente del típico nacionalismo-estatista latinoamericano.    

En todo caso, la gran diferencia está en la política exterior y el discurso del propio líder. Chávez es el primer presidente sudamericano que construye poder más allá de su propio país, creando usinas chavistas y activismo chavista en los países vecinos; también el que más utiliza la ventaja comparativa de su país (el petróleo) para crear una alianza intencional bajo su dirección, y principalmente, es el único que ha recurrido a una retórica totalmente basada en la teoría marxista de la lucha de clases y en la teoría leninista sobre el imperialismo.


En lo demás, el exuberante líder caribeño es un tradicional exponente del típico nacionalismo-estatista latinoamericano.


Esto implica que en Venezuela no será abolida la propiedad privada, como ocurrió en Cuba. Lo que ocurrirá es que va a ser estatizada toda industria o área productiva y de servicios que pueda ser considerada estratégica. Pero, a diferencia del sistema cubano, en Venezuela serán privados el comercio, una gran variedad de pequeñas y medianas empresas, e incluso algunas grandes empresas que no resulten de interés al gobernante.


 


Igual que los gobiernos socialdemócratas de Carlos Andrés Pérez y Jaime Lusinchi,  que disfrutaron los beneficios de la crisis del petróleo en los ´70 y ´80, el gobierno chavista subvenciona el consumismo de las clases bajas y teje redes clientelares en esos vastos  sectores de la sociedad.    

También a diferencia de Cuba, el consumismo seguirá siendo uno de los motores de la economía venezolana, y seguirá habiendo medios de comunicación privados, en tanto en cuanto sus respectivas líneas editoriales no sean contrarias al poder político, ni denuncien los inmensos negociados, arbitrariedades y corrupción que, como fue siempre en ese país, engangrenan el gobierno y el Estado.


 


Igual que los gobiernos socialdemócratas de Carlos Andrés Pérez y Jaime Lusinchi,  que disfrutaron los beneficios de la crisis del petróleo en los ´70 y ´80, el gobierno chavista subvenciona el consumismo de las clases bajas y teje redes clientelares en esos vastos  sectores de la sociedad. Pero el chavismo superó largamente a sus antecesores populistas al impulsar millonarios programas de salud y educación, aunque, por supuesto, se implementan acompañados por sobredosis de adoctrinamiento y organización de activismo oficialista.


En estos aspectos, Chávez tomó mucho de los sistemas organizativos y la acción de base del Partido Comunista Cubano. Estructuras como los CDR (Comité de Defensa de la Revolución) fueron calcadas para implementar en las favelas de Caracas y demás grandes ciudades.


 


En síntesis, a diferencia del comunismo cubano, en Venezuela seguirá habiendo clases media y alta porque seguirá la propiedad privada, aunque sin acceso a las áreas consideradas estratégicas y con el mercado suplantado por la regulación estatal.


También a diferencia de Cuba, donde no existe ningún medio de comunicación que no sea estatal y ninguna organización sindical o política que no sea rigurosamente oficialista, en Venezuela habrá lugar para una oposición y para medios de comunicación privados, con las limitaciones ya expuestas pero con cierto margen para la crítica.


 


En este sentido, el modelo que está construyendo Hugo Rafael Chávez Frías se parece al del PRI mexicano, régimen al que Vargas Llosa consideró “la dictadura perfecta”.


    Si Chávez se ha convertido en el principal apologeta de Fidel Castro, no es tanto por admirar el sistema que construyó sin fisuras el revolucionario cubano, sino para resaltar su preferencia por el liderazgo vitalicio.

En el México priísta había una oposición, el PAN, que permitía disimular lo que, en realidad, era un sistema de partido único; y había prensa privada con cierto margen de maniobra.


 


Había además plena libertad de movimientos y libertad de asociación para competir con los gigantescos aparatos priístas. O sea que, en México, el partido oficialista se confundió con el Estado, pero sin monopolizar totalmente la vida social y política y sin volverse ferozmente represivo (aunque hubo excepciones como la masacre de Tlatelolco en 1968).


Si Chávez se ha convertido en el principal apologeta de Fidel Castro, no es tanto por admirar el sistema que construyó sin fisuras el revolucionario cubano, sino para resaltar su preferencia por el liderazgo vitalicio.


En eso, el nacional populismo de Chávez es puramente bolivariano. Porque además del genial estratega que venció a los realistas en las batallas de Bocayá y Carabobo, Simón Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios fue el gobernante megalómano y despótico que abogó por dotar a la Gran Colombia de una constitución con presidente vitalicio.


 


En realidad, el “socialismo del siglo 21” que está construyendo la revolución bolivariana está inspirada, más que en el sistema político-económico cubano, en el modelo ruso que impulsa Vladimir Vladimirovich Putin: autocracia con capitalismo corporativo.

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