Chiche, Tití y el deseo más atrevido
*Después de ver la entrevista de Chiche Gelblung a Tití Fernández en el ciclo “De dónde vengo”, por Canal 26, sumé un deseo políticamente incorrecto a la lista de mis anhelos para 2008. ¿Y vos, te animás a desear lo mismo?
Corren días ideales para alimentar deseos. A esta altura de diciembre, nos convertimos en una usina de anhelos y buenos propósitos para el año a estrenar. Por suerte, nuestra producción no tiene límites: siempre encontramos un sueño más y lo agregamos al copioso repertorio. Lo que yo no esperaba era que la televisión me llevara a incluir en mi lista personal un deseo que jamás se me hubiera ocurrido. Pero fue así. El domingo último, después de ver la entrevista de Chiche Gelblung a Tití Fernández, en el ciclo “De dónde vengo”, que se emite por Canal 26, no pude menos que sumar un sueño a los muchos que había imaginado para 2008.
Te cuento cómo fue. Chiche le señaló a Tití, el reciente ganador de “Cantando por un sueño”, que su participación en “Showmatch” le había dado la ocasión de dejar de ser “un actor de reparto” para convertirse en una “figura del espectáculo”. A renglón seguido, argumentó que aquello fue posible porque Tití no se dejó paralizar por “el miedo al ridículo”. “Cuando uno pierde el miedo al ridículo, el cielo es el límite”, sostuvo. Y el entrevistado, como buen periodista que es, le respondió con otra pregunta: “¿Qué es el ridículo, Chiche?”, quiso saber el hombre que solía cantar en privado y que un día aceptó el convite de entonar en la tele, sin miedo al qué dirán.
Me dejaron pensando. ¿Qué es el ridículo? El prejuicio de la mirada ajena sobre nuestras conductas y nuestras acciones. La barrera invisible que utilizamos como excusa para no hacer, no decir, no intentar, no divertirnos, no emocionarnos, no arriesgarnos. A diferencia de la maldad, el ridículo no daña al prójimo. En el ridículo no hay dolor para nadie, porque el ridículo no existe fuera del preconcepto de quien le cuelga esa etiqueta a otro. ¿Qué es lo que consideramos ridículo? A ciencia cierta, no se sabe. Para eso no hay códigos ni leyes. Todo depende de parámetros tan subjetivos como el gusto de cada quien. Y dado que los gustos son tantos como los individuos que este planeta aloja, conformarlos a todos es misión imposible. A hacer lo que nos gusta entonces, sin lastimar a nadie, y, como decía mi mamá, “al que no le guste, que no mire”.
Chiche y Tití me convencieron: ojalá que en 2008, seamos capaces de perder el miedo al ridículo. Y no se trata de que corramos a anotarnos todos para el “Cantando por un sueño”. La idea es otra: no privarnos de hacer lo que nos gusta por el temor al qué dirán.
Conozco chicas de 25 años que no se atreven a disfrutar de la playa por miedo a que sus cuerpos, alejados del ideal de las pasarelas, aparezcan ridículos ante los ojos del resto de los veraneantes. Hay gente que se vestiría con ropas de colores fascinantes si no fuera porque el miedo al ridículo los condena al blanco, negro y beige. Están los que quisieran decirle a alguien cuánto lo quieren y, sin embargo, callan para no parecer ridículos. Muchos otros pasan sus vidas acariciando fantasías heterogéneas: escribir una novela; vivir la historia de amor menos pensada; anotarse en un curso de violín; teñirse el pelo del color que llevaba Micaela Salinas, la soñadora de Tití Fernández. ¿Qué les impide dar el paso que separa a la fantasía de la realidad? La creencia de que si la novela no tiene la calidad de las de García Márquez, no será más que una colección de ridiculeces impresas. La idea de que todo, incluso el enamoramiento, debe regirse por los cánones de la corrección política. La suposición de que a cierta edad, el deseo de aprender a tocar un instrumento musical suena ridículo. El miedo a que los otros juzguen la seriedad de sus pensamientos en función del tono de tintura que llevan en las mechas.
Basta de ridiculeces: para 2008, deseo que el temor al ridículo no se interponga ni una sola vez entre mis deseos y mis acciones. Me asiste un argumento de peso: lo que no haga en esta vida, me quedará para siempre en el tintero. ¿Y vos, te animás a desear lo mismo para que a partir de 2008, como diría Chiche, el cielo sea tu límite?
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