Cinco palitos que deberían volver
No importa cuántos helados nuevos salgan, algunos son parte de la memoria colectiva y el paladar nostálgico.
Helados
Frutidedo
La contracara al agua del Patalín. En su misma línea fisiológica, como su nombre lo indica, tenía forma de mano, con un dedo que señalaba. Aunque se decía de frutilla, tenía un retrogusto chicloso que, más bien, recordaba al tutti-fruti.
Una cara hecha de ananá y frutilla que hoy haría las delicias de los niños con fobia a los payasos. El toque de gracia era la nariz: un chicle globo muy difícil de masticar (y más difícil todavía de inflar) porque nunca llegaba a descongelarse.
Frutare
“Helado no tengo, tengo jugo de fruta en palito”, le decía una chica sexy a un musculoso de pelo largo en una “selva”. Por suerte, el sabor era mucho más fiel a la verdad que el entorno selvático de la publicidad y venían en geniales sabores como mandarina y durazno.
La desaparición del Smash es una de esas que no se entienden. Todo el mundo lo consumía. Era una tableta con dulce de leche natural helado, helado de dulce de leche y chocolate bien duro, que no se pegoteaba. Hace unos años apareció uno como “Smash XL”: triste amague que nos dejó con las ganas.
Exagelado
Estaba el original, que era verde, y la versión hippie (así se llamaba), multicolor. Aunque el sabor era más bien indefinido, era muy rico, como una versión helada del chupetín pico dulce. Al ser medio retorcido (y muy alto) era bastante difícil de comer.
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