¿CÓMO USAN LOS ARGENTINOS EL CONTROL REMOTO?

*Tras la reciente muerte de su inventor, Robert Adler, el control remoto sigue siendo un motivo de discordia en los hogares argentinos. Según una encuesta de TNS Gallup, los varones lo manejan más que las mujeres. ¿Y por casa, cómo andamos?

Para los televidentes, la historia se divide en dos: A.C. y D.C: antes y después del control remoto, el artefacto que nos cambió para siempre el modo de mirar la tele y trajo a nuestras vidas un motivo más de discordia familiar. Creado en 1956, por los ingenieros Robert Adler y Eugene Polley, y lanzado al mercado por la empresa Zenith, se incorporó con tanta naturalidad a nuestra rutina que, hoy por hoy, casi nadie recuerda cómo era la gimnasia de levantarse del asiento cada vez que queríamos cambiar de canal. Con la muerte de Adler, ocurrida en los Estados Unidos, el 15 de febrero último, uno se ha puesto a pensar que el mando a distancia del televisor es el botín por el que se libran innumerables batallas domésticas en el mundo entero.

¿Qué ocurre en la Argentina? Según una encuesta de TNS Gallup sobre “Los argentinos y el control remoto”, 8 de cada 10 personas miran televisión en compañía de algún miembro de su hogar y 2 de cada 10 de los que ven la tele con otros indican que a la hora de decidir quién manejará el control remoto, en sus familias se genera tensión. Los varones declaran que detentan el control remoto con más frecuencia que las mujeres. Ellas se quejan porque ellos no paran de hacer zapping.

Veamos en detalle algunas de las preguntas y los resultados del sondeo realizado por TNS Gallup, a nivel nacional, entre la población adulta, mediante entrevistas  domiciliarias, en 1000 casos: 

¿Ve usted o no televisión con otros miembros de su hogar?

El 81% respondió por la afirmativa y el 19%, por la negativa. Entre los encuestados cuyas edades van de los 18 a los 24 años, el  84% manifestó que ve la tele en compañía. La cifra asciende al 85% en la franja de 25 a 34 años y, en el segmento de 35 a 49 años, al 86%. Entre los argentinos de 50 a 64 años, el 74% mira televisión con otros miembros de su hogar mientras que en el caso de los que tienen 65 o más años, el porcentaje es del 73%

¿Con qué frecuencia tiene usted el manejo total sobre el control remoto de la TV de su hogar?

El 47% respondió que goza de ese privilegio “muchas o bastantes veces” y el 50%  dijo estar en esa situación “pocas o ninguna vez”. El 58% de las personas que manejan el control remoto mucho o bastante son hombres y el 39%, mujeres.

¿Qué cosas le molestan cuando no tiene el manejo del control remoto de la TV?

“Que el que tiene el control remoto haga demasiado zapping”, respondió el 37% de los encuestados. “Que el que tiene el control remoto decida la programación que se ve sin consultar a nadie más” fue el motivo de queja del 24%. Sólo el 5% de los argentinos se manifestó molesto por el hecho de que “el que tiene el control remoto haga poco zappig”, es decir, que no cambie de canal lo suficiente.

A juzgar por los resultados de la encuesta y por la experiencia cotidiana, el control remoto es cosa seria. Él es quien nos permite tirarnos en la cama o en un sillón y sentirnos dueños del mundo sin mover más que un dedo. Él nos hizo adictos al zapping, es decir, al hábito de ver sin mirar, al consumo de imágenes con lógica de rayuela, al vértigo del instante. El control remoto nos despertó fantasías de omnipotencia: yo muevo un dedo y el mismísimo George Bush se llama a silencio en la CNN; yo vuelvo a mover el mismo dedo y le deshago a Federico Fellini el montaje de “La Strada” porque entro a la película en la escena que se me antoja, la abandono en el diálogo que se me ocurre y regreso a ella cuando mejor me place; yo presiono un botón y quedo a salvo de la tanda publicitaria, con su despliegue de seducción para conquistar consumidores, o de las promesas vanas del funcionario de turno. Yo y mi control remoto: una dupla que hace temblar a los programadores, desvela a los anunciantes, obsesiona a los productores, intriga a los sociólogos y preocupa a los candidatos en campaña electoral.

¡Poderoso, el chiquitín!

Tanto es su poder que, según se supo en abril del año último, la empresa Philips está desarrollando un dispositivo antizapping. La noticia provocó revuelo entre los televidentes de todas partes del mundo. La inquietud surgió porque una solicitud de patente en los Estados Unidos dice que investigadores de Philips crearon una tecnología que permite congelar un canal durante la tanda, de modo que no se pueda pasar a otro. Dicha tecnología se aplicaría a programas individuales y los artefactos se instalarían en los televisores o en cajas a conectar. Como era de esperar, los televidentes se molestaron ante la perspectiva de quedar convertidos en rehenes de los avisos publicitarios.

Philips admitió que esta tecnología podría no ser “del agrado de los consumidores”;  y  en la solicitud de patente, propuso que “se permita a quienes no la desean que no la instalen en su televisor a cambio de pagar una tarifa”. Pero los ánimos siguieron alterados y la empresa tuvo que emitir un comunicado para explicar que “la misma tecnología permite exactamente lo contrario: mirar televisión sin publicidad”. “La compañía jamás tuvo la intención de obligar a los espectadores a mirar publicidad contra su voluntad _agregó_. Hemos desarrollado un sistema que permite al espectador elegir, al comienzo de una película, mirarla con o sin publicidad", dijo la compañía. Corresponde al espectador tomar esta decisión y al emisor ofrecer los distintos servicios".

Habrá que ver cómo se instrumenta el uso del dispositivo antizapping el día que entre en el mercado. Por el momento, aprovechemos a ejercer con total libertad nuestro poder de televidentes, control remoto en mano.

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