Con Tinelli y “Gran Hermano” estábamos mejor



  • Este verano, la TV de la repetición y las peleas se concentró en las aburridísimas disputas entre vedettes. Vencida por el tedio, comencé a añorar los avatares de los concursos de “Showmatch” emitidos casi en cadena y los meses que vivimos pendientes del reality de Telefe.

Nos guste o no, es una realidad: gran parte de la programación televisiva actual se alimenta de polémicas y peleas de entrecasa. Así fue durante la temporada alta de 2007, cuando lo ocurrido cada noche en el “Bailando…”, el “Patinando…” y el “Cantando…” servía de combustible para numerosos ciclos de diversos canales. Las disputas generadas en “Showmatch” en relación a los puntajes, el desempeño de los jurados y los conflictos entre los participantes, al día siguiente desfilaban, corregidas y aumentadas, en toda la pantalla. Entonces, no faltaron las voces que formulaban a coro una misma pregunta: ¿Es imposible hacer televisión sin echar mano al programa de Marcelo Tinelli?


 


Pues bien, llegó el verano y Tinelli salió en viaje de descanso hasta la próxima temporada otoñal. Lo mismo había ocurrido en 2007, pero con la ventaja de que tras su partida, apareció una nueva temporada de “Gran Hermano”, en Telefe. El popular reality funcionó, de inmediato, como otra fuente de polémicas y discusiones. Para diversión de muchos y enojo de otros tantos, las aventuras y desventuras de los habitantes de la casa ocuparon largas horas de pantalla y se ganaron un lugar de peso en las conversaciones cotidianas. El coro se hizo oír de nuevo: ¿Es imposible hacer televisión sin echar mano a la versión argentina de “Big Brother”?



 


Pues bien, aquí estamos, transitando el verano 2008, sin Tinelli ni “Gran Hermano”. ¿Qué ocurre ahora? Que la TV no se resigna a dejar de contar con la cuota diaria de rencillas al paso. ¿Qué ofrece entonces? Una olvidable colección de dimes y diretes entre vedettes que se desafían con términos pescados en el mar del desagrado: vieja de agua, cornalito, carpa vieja, palometas carnívoras. O un sinfín de rencillas, siempre idénticas a sí mismas, sobre las recaudaciones de los teatros. O el folletín de la relación laboral entre Nazarena Vélez y Gerardo Sofovich, con la participación de Florencia de la V. Aburrimiento puro. Sorpresa cero.


 


Vencida por el tedio, he comenzado a añorar los meses en los que los concursos de “Showmatch” y sus conflictos se emitían casi en cadena nacional. Al menos, para ilustrar los cruces verbales entre los participantes y el jurado, los ciclos que se alimentaban del programa de Tinelli, ofrecían fragmentos de los bailes o los desplazamientos en la pista de hielo, es decir, imágenes visualmente atractivas porque allí había trabajo de vestuaristas, coreógrafos y escenógrafos.


 


Del mismo modo, recuerdo con nostalgia el verano de 2007, cuando la TV ponía el ojo en los participantes de “Gran Hermano”, gente nueva con historias de vida nuevas, personajes desconocidos hasta entonces. Nadia y sus pollitos; Osito con su mezcla de niña y mujer lanzada; la transformación de Marianela Mirra dentro de la casa; las provocaciones de Diego Leonardi: todo eso se me antoja un viento de renovación en materia de entretenimiento si lo comparo con el espectáculo de las figuras vistas, una y mil veces, lanzando puñetazos verbales en el ring de la nada.

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