Cuidado con las corridas emocionales a la heladera

*Momentos en los que tus sentimientos te pueden jugar en contra y llenar vacíos con la comida.
*¿Cuáles son las soluciones?

EFE
Por EFE

Disgustos, tristeza, crisis, carencia de afecto y aburrimiento son algunas de las situaciones que impulsan a comer emocional y desmesuradamente, y ante las que conviene estar en guardia porque te llevan a vaciar la heladera, y a llenar el cuerpo de calorías y la mente de arrepentimiento.


 


Hay momentos en la vida signados por la insatisfacción vital, los conflictos con los demás, las situaciones inesperadas o las adversidades, que nos hacen caer en la tentación de convertir a la comida en nuestra compañera de infortunios, y al menú, en nuestro refugio contra los vaivenes emocionales.


 


En esas etapas no comemos y bebemos para alimentarnos, sino para consolarnos. Y dado que nuestro malestar es grande, la cantidad de alimentos que nos llevamos a la boca para darnos una satisfacción que ahogue o tape la pena, también suele ser grande.


 


De esa manera no sólo no se solucionan, asimilan o alivian los problemas, sino que creamos otros nuevos: el inevitable aumento de peso corporal al que conducen los "banquetes emocionales", y el consiguiente sentimiento de culpa por haber cometido un desliz.


 


Estamos atrapados en un círculo vicioso porque mientras peor te sentís, más comés y engordás, lo cual a su vez nos produce un mayor malestar.


 


Para ello, conviene reconocer las situaciones o etapas vitales que más nos impulsan a "comer para consolarse", para afrontarlas correctamente, en lugar de taparlas con más y más comida.


 


Sos una persona adulta, controlá tu cabeza (y tu boca). Quedó atrás la adolescencia, una etapa turbulenta pero que ofrece cierta seguridad, y los años en que tu futuro parecía incierto. Cuando comenzás a hacerte adulto, comenzás a sentirte más relajado y te permitís disfrutar un poco más de la vida: comes y engordas cada vez más.


 


Controláte después del matrimonio. Después de casarse, muchas parejas sienten que les llegó la hora de la estabilidad. Dejan de cuidarse como sucedía durante el noviazgo, cuando "mimaban" su aspecto físico para atraer y conquistar al otro, y se abandonan físicamente.


 


El divorcio. Aunque no funcionaba del todo bien, la pareja te daba una cierta sensación de estabilidad, un refugio en lo conocido. Pero ahora la relación se quebró y todo cambió. No sabés lo que te espera y, por ese motivo, asaltan los miedos e incertidumbres. Los alimentos dulces pueden servirte de consuelo para compensar la amargura, pero tenés que controlarlo.


 


La llegada de la menopausia. Al llegar a esta etapa, algunas mujeres sienten que, con su fertilidad, también desapareció el atractivo sexual, capacidad de ser feliz y energía para afrontar nuevos proyectos. Este frecuente error de perspectiva las conduce a buscar desahogo en la comida.


 


Control después de la jubilación. Muchas personas desean iniciar su etapa de retiro laboral e iniciar nuevos proyectos y disfrutar de un merecido descanso después de décadas de trabajo. Pero esta ilusión suele dar paso, sobre todo en el caso de los hombres, a una etapa de desorientación vital, crisis de autoestima y sensación de envejecimiento. Los días se hacen eternos y no saben como darles contenido. Y ese vacío, en ocasiones, se llena con comida.

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