El divorcio: una moda que llegó para quedarse

*Las estadísticas muestran que la cantidad de divorcios en todo el mundo supera a la cantidad de bodas.

EFE
Por EFE

A pesar de que las personas se siguen casando y prometiéndose amor eterno, las estadísticas revelan que los divorcios aumentan a mayor velocidad que el número de bodas que se celebran, todo ello como consecuencia de los nuevos modelos sociales que impiden a la pareja conocerse más a fondo y aprender a convivir.

Las demandas de divorcio presentadas en España en los nueve primeros meses de 2007, superaron a todas las registradas a lo largo de 2005, primer año de la aplicación de la nueva ley del divorcio Express en el país, mientras que las separaciones matrimoniales se redujeron un 86 por ciento en este mismo periodo.

Los datos oficiales indican también que uno de cada cinco divorcios (el 20,19 por ciento) se produce entre parejas que llevan casadas menos de cinco años, y casi el 27 por ciento de las que acabaron su relación llevaba unida 20 años o más.

Las cifras españolas, que pueden ser perfectamente equiparables a las registradas en países occidentales, revelan la perdurabilidad de la crisis de una institución que se mantiene por una inercia antropológica pero que cada vez es más cuestionada por numerosos grupos. Y que lleva a muchas personas escarmentadas de la experiencia matrimonial negativa a preferir una soledad tranquila a un infierno compartido.

Italia es uno de los países a los que golpea con más fuerza esta crisis, de acuerdo con las últimas estadísticas que revelan un divorcio cada cuatro minutos y una disminución del 32,4 por ciento en las bodas en los últimos 30 años.

Los divorcios aumentaron un 66 por ciento en el país latino en la última década y la mayoría de las rupturas tuvieron lugar entre el tercer y quinto año de matrimonio.

Detrás de las frías estadísticas, el matrimonio suele revelarse como un elemento oficial extraño al amor, que incluso atenta contra su pureza en la medida en que hipoteca la libertad y la espontaneidad futuras. Y si a todo ello le añadimos el desencanto cuando desaparecen la pasión y el interés por el sexo se deberá entender el por qué de tanto fracaso de vida legal en común.

Los psicólogos advierten de que un matrimonio basado sólo en el amor erótico es una relación de alto riesgo que antes o después lleva al divorcio. Esto se debe a que en este tipo de uniones se busca el placer propio y se aborda a la otra persona como un objeto que posee unas cualidades que nos gustan, que no tienen por qué ser de carácter físico, pero de las que se quiere disfrutar.

Los expertos precisan que una relación basada exclusivamente en este tipo de amor siempre termina en fracaso porque tarde o temprano se descubren cualidades de la pareja que “no eran lo que pensábamos.”

Como indica el ensayista José Pedro Manglano en su libro "El amor y otras idioteces", la relación hombre-mujer "se hace problemática si el movimiento de aceptación del otro se encuentra con la negativa a dejarse cambiar por su presencia".

Y el filósofo danés Soren Kierkegaard (1813-1855), precursor del existencialismo, ya nos previno de que "el desprecio moderno del matrimonio está motivado por el temor a que pueda llegar un momento en el que se pierda el gozo del momento presente. De esta forma la unión queda neutralizada por la cobardía y el egoísmo".

La Iglesia Católica entiende por su parte que los niños son las principales víctimas del cambio de modelo social que propició el incremento del número de divorcios y de la existencia de hogares monoparentales en los que suele ser una madre abnegada la que se preocupa sin ayuda de sacar adelante a sus retoños.

Muchos niños aseguran sentirse incomunicados y lamentan no tener otro confidente, que no sean exclusivamente un padre o una madre, al que confiar sus inquietudes y sus problemas en relación con el despertar sexual.

Llama la atención un estudio recogido por el diario The Washington Post, a partir de un documento de la universidad estatal de Michigan, según el cual el divorcio no sólo es malo para la salud sino también para el medioambiente debido a que las parejas que se separan consumen más agua y energía que cuando viven juntas.
 
Los investigadores calcularon que en el 2005 los hogares de estadounidenses separados consumieron entre un 42 y un 61 por ciento más recursos por persona que antes del divorcio, al gastar un 46 por ciento más en electricidad y un 56 por ciento más en agua.

El informe también señala que si las parejas divorciadas se hubiesen quedado juntas en el 2005, Estados Unidos habría ahorrado 73 mil millones de kilovatios/hora de electricidad y 2,370 millones de litros de agua sólo ese año.

Quizá todo ello sea consecuencia del estado depresivo y de dejación que padecen quienes rompen con su pareja, aunque otros estudios indican que los hombres son más frágiles tras dar este paso.

Pero no todo el mundo vive el divorcio de una manera dramática. Y si no que se lo pregunten al austríaco Antón Barz, promotor el pasado octubre en Viena de la primera feria del mundo sobre el divorcio para ayudar a parejas que desean separarse a hacerlo lo más rápido posible y sin sufrir complicaciones emocionales y económicas.

Al evento acudieron representantes de agencias inmobiliarias, bufetes de abogados, centros de mediación matrimonial, un laboratorio de análisis de ADN, una agencia de detectives e incluso una empresa que organiza "fiestas de divorcio".

Barz, que habitualmente organiza ferias para bodas y exhibiciones con animales de peluche, montó el evento divorcista bajo el lema "Inicia tu vida de nuevo" y "animado" por las estadísticas reinantes en Austria donde la mitad de las bodas acaban en divorcio mientras que en Viena la cifra se dispara hasta alcanzó el 65 por ciento.

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