Sobrevivientes de Cromañon como veteranos de guerra
* Ser sobreviviente de Cromañón es una mochila pesada que cargan día a día los jóvenes que lograron escapar del horror.
* La mayoría tuvo que hacer tratamiento psicológico, otros sufren trastornos pulmonares y en casos extremos algunos llegaron al suicidio.
“Hasta que no encontré a mi hermano no paré, tuve mucho miedo de que le pase algo”, recuerda Nicolás con lágrimas en los ojos. “Estaba a punto de desmayarme, no podía más y lo poco que se veía era por el mismo fuego. Me quedé contra una pared y seguí su línea hasta que encontré la salida”, explicó Matias.
Sebastián Santana (23) fue con un grupo de diez chicos y como estaba cerca de la puerta escapó rápido. Como todos sus amigos no estaban en el punto de encuentro que habían arreglado para reunirse luego del recital, se sacó la remera, se cubrió la cara y cuando estaba a punto de volver a entrar halló a los que faltaban. “Fue una situación desesperante, pensé que habían quedado atrapados adentro”, contó el joven.
La experiencia de Marcelo Santillán (28) fue otra. Cuando intentaba salir, a metros de la puerta se desmayó y otra hubiera sido su suerte si no hubiese sido por la ayuda de otro chico que lo rescató del lugar. “Cuando me sentí mejor y tomé conciencia de lo que había pasado, no paré de llorar en toda la noche", dijo el joven músico que escribió una canción en memoria de los fallecidos.
Una marca que nunca se borrará
Como todas las personas que sobreviven a una tragedia, los chicos que estuvieron ese 30
de diciembre en el local República de Cromañón recuerdan el calvario más allá de cada aniversario. “Es una mochila que voy a llevar hasta el día en que me muera”, dice Ezequiel Ratti en su libro“Cromañón, la tragedia contada por 19 sobrevivientes”. Y Nicolás Bruno coincide: "No pasa un sólo día en que no lo recuerde".
El abogado Fernando Soto que representa a más de 250 chicos que salvaron sus vidas explicó a minutouno.com que en cada aniversario se revive la situación traumática ya que a medida que pasa el tiempo, el estrés postraumático les impide recuperarse. “Muchos chicos están con tratamiento psicológico hasta el día de hoy, otros no pudieron terminar sus estudios secundarios o universitarios y hay algunos que también permanecen con problemas respiratorios”, dijo Soto.
“Después de esa noche, mi hijo de 26 años duerme con la luz prendida y la puerta abierta, y es muy frecuente que tenga pesadillas”, contó Silvia Samos, la mamá de Federico Lemos que junto a su marido son uno los soportes de la asociación civil de sobrevivientes, familiares y amigos de Cromañón“Cambiar esta realidad”.
Samos explicó que la característica común a todos es que cada vez que suben una escalera, que van a un boliche, que se toman el subte o escuchan los ruidos de fuegos artificiales, los jóvenes reviven la angustia.
Igual que en Malvinas, suicidio y desocupación
Según los especialistas, en tragedias de tal magnitud el paso del tiempo no siempre ayuda al paciente sino que a veces reaviva y aumenta la angustia. Tal como sucedió con los combatientes de Malvinas (fue más el número de soldados que se quitaron la vida luego de la guerra que los que murieron en el campo de batalla) se teme que suceda lo mismo con los sobrevivientes de Cromañón.
Soto y Lemos coinciden en que el subsidio de 600 pesos por mes que le otorgó el Estado a todos los sobrevivientes de la tragedia no alcanza como ayuda. “Si el gobierno no crea un plan de contención y seguimiento los chicos van camino a futuros sobrevivientes de Malvinas. Es muy fácil dar plata y no brindar salud", manifestó indignada la integrante de "Cambiar ésta realidad".
El abogado dijo que el Estado va a tener que indemnizar y hacerse cargo de las secuelas que en definitiva produjo la corrupción. Mientras que la mamá de Federico Lemos denuncia el suicidio de dos chicas. “Hay psicólogos que dieron el alta prematuro y esos jóvenes pagaron las consecuencias. Dos chicas de Avellaneda se quitaron la vida, una se ahorcó y la otra se pegó un tiro por culpa de Cromañón”.
El daño no sólo es psicológico o físico, sino que a la hora de buscar trabajo, los sobrevivientes deben esconder su presencia en la noche de la tragedia. “Si digo que estuve en Cromañón directamente no me toman. Es más, me despidieron de la panadería en que trabajaba porque me vieron en un programa de televisión tocando la canción que escribí en memoria de los chicos que fallecieron”, finalizó Santillán.
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