Cuando los animales son "arrancados" de su hábitat natural

*Por el Prof. Leonardo J. Sepiurka.

En una reciente nota publicada minutouno.com se hacía referencia a que "echarían a un oso de un zoo porque resulta caro mantenerlo".


 


De su lectura y de los comentarios que los lectores generan, surgen una serie de consideraciones que creo pertinente trasmitir.


 


En algún momento de la historia se llegó a exponer en salones a "seres extraños" traídos de otros continentes. No se trataba precisamente de extraterrestres, sino que eran seres humanos "de carne y hueso" con una estructura anatómica y fisiología similar a la de cualquier otro congénere.


 


Las diferencias que lo ubicaban como sujeto raro a ser exhibido, eran el color de su piel o rasgos fisonómicos diferentes al de un europeo o de un americano descendiente de las inmigraciones europeas, y así se exhibían: Negros, Mulatos, o Aborígenes.


 


A la luz del tiempo esas actitudes resultan tan deleznables como las de exhibir animales que son capturados contra su voluntad, arrancados de sus ambientes naturales y restringidos en espacios acotados, que por más que pretendan reproducir e imitar a su entorno propio, nunca lo logran.


 


Sugeriría dejar esos despliegues escenográficos para Hollywood y devolver a los animales a sus territorios donde sabrán instintivamente como alimentarse, como protegerse y como reproducirse, y esto es válido para un colibrí como para un hipopótamo.


 


En la misma corriente debemos destacar aquellas acciones que se emprenden por "un circo sin animales", y los intentos de desterrar las corridas de toros de aquellos enclaves hispánicos que aún festejan estas deplorables demostraciones de bajeza humana.


 


Veinte siglos atrás también los romanos se divertían en el circo sostenido en el imponente Coliseo, donde los cristianos eran pasto fácil para los hambrientos y sanguinarios leones a los que debían enfrentarse. Hasta donde se conoce esta costumbre fueron afortunadamente desterradas, y persisten aún las peleas de perros y las riñas de gallos como resabio de alguna de las bajezas de una perversa necesidad del ser humano.


 


Afortunadamente se están realizando acciones de rescate de animales en riesgo de extinción, sacándolos de sus lugares de captura, reestrenándolos y procediendo luego a su liberación.


 


La educación sostenida, dirigida a asesorar sobre la tenencia responsable de animales domésticos, se encamina en el mismo sentido 


 


Estas acciones aportan una brisa de aire fresco y la esperanza de que aún existen almas que piensan en el bienestar de los animales y actúan en pos de un mundo equilibrado.


 


Prof. Leonardo J. Sepiurka

Dejá tu comentario