De ETA al IRA
*El fracaso del gobierno español en su negociación con el terrorismo vasco ha sido mucho más difundido que los últimos grandes logros pacificadores en Irlanda del Norte.
*El modelo salvadoreño inspiró las exitosas negociaciones entre católicos y protestantes para la paz en el Ulster.
Los fracasos de las negociaciones pacificadoras tienen más prensa que los escasos éxitos que suelen lograr. Hasta en el mundo asiático se publicó más sobre el resonante fracaso del gobierno español en su diálogo con ETA que del acuerdo de paz que puso fin a décadas de guerra entre la guerrilla maoísta de Nepal y el gobierno de ese pequeño reino de las alturas del Himalaya.
Esta semana, el liderazgo republicano católico aceptó reconocer como propia a la policía del Ulster, y ahora sólo falta que acepte integrar a sus ex milicianos en ella, y que el liderazgo protestante pro-británico acepte rearmar el gobierno compartido, lo que seguramente ocurrirá en los próximos días.
Dos años más tarde se dio el paso más trascendente, al firmarse el Acuerdo del Viernes Santo, por el cual quedaron establecidas las bases para un gobierno autonómico con representación de las dos comunidades.
A partir de entonces, la pacificación del Ulster comenzó a transitar por un largo camino plagado de emboscadas y peligros. Pero el accidentado camino de desarme del IRA desembocó en otro momento clave: en el 2005, la organización terrorista católica renunció públicamente a la lucha armada y anunció que concretaría la etapa final de su desarme.
En el éxito de este proceso tuvieron que ver muchos factores. Algunos externos, como el decidido apoyo que el entonces presidente Bill Clinton dio a la pacificación, influyendo sobre la vasta colectividad irlandesa de los Estados Unidos, de donde salía el grueso del apoyo económico que recibía el IRA.
Otro factor importante fue que se tomó como modelo un aspecto de la negociación que terminó con la larga y sangrienta guerra civil en El Salvador: se propuso a los milicianos integrar una policía nacional, para que de combatientes enemigos se conviertan en camaradas de armas.
Finalmente, hubo un factor decisivo que también imitó el modelo salvadoreño. En el país centroamericano, fracasaron todos los gobiernos moderados, como el del democristiano Napoleón Duarte, que intentaron negociar con la guerrilla del frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN); mientras que tuvo éxito en esa negociación el gobierno ultraderechista del presidente Alfredo Cristiani y el partido Alianza Republicana Nacional (ARENA) que había apadrinado a los sanguinarios escuadrones de la muerte del mayor Roberto Daubisson.
Cuando ambos extremos del arco ideológico, que a la vez eran los verdaderos enemigos de la guerra civil salvadoreña, se encontraron, entonces llegaron la negociación y los acuerdos que los gobiernos moderados nunca pudieron alcanzar.
Algo similar ocurrió en los seis condados del norte irlandés. La negociación de fondo recién fue posible cuando, después de reiterados fracasos, quedaron de lado los moderados Partido Unionista del Ulster, del moderado David Trimble, y el partido Liberal Socialdemócrata del dirigente católico John Hume.
El sentido común parecería indicar que las dirigencias moderadas son más aptas para el diálogo. Y efectivamente lo son. Pero muchas veces ese diálogo no posibilita la paz, que es una meta que suelen alcanzar los extremistas porque son los verdaderos protagonistas de los conflictos.
En el caso norirlandés, cuando los moderados Trimble y Hume fueron desplazados por los extremistas Partido Unionista Democrático, del reverendo protestante Ian Paisley, y por el católico y republicano Sinn Fein (que significa “Nosotros Mismos”), liderado por el ex guerrillero Martin McGuinness y por Jerry Adams, el proceso negociador se destrabó definitivamente.
Las diferencias entre IRA y ETA, son inmensas. Por caso, los norirlandeses nunca se convirtieron en una banda criminal de la calaña del terrorismo vasco, que además actúa con la lógica de las organizaciones mafiosas.
Además, el brazo político del IRA, o sea el Sinn Fein, es un partido radical en su firmeza pero democrático y republicano en su objetivo final: la unificación del Ulster con la República de Irlanda; mientras que la dirigencia política vasca vinculada al terrorismo, o sea el partido Batasuna y sus antecesores, es tan extremista en sus reclamos como en el modelo de país que aspira alcanzar.
Pero más allá de las diferencias, existen puntos que el gobierno español debe tener en cuenta. Por caso, si Rodríguez Zapatero tuviera tanto interés en la paz como en colocar su imagen por sobre la de Felipe González, entonces no hubiera intentado un diálogo sin el consenso de todos los partidos y desde posiciones blandas frente al grupo terrorista.
El filósofo vasco Fernando Savater sostiene que el diálogo es posible entre amigos, mientras que la negociación es posible entre enemigos.
En Irlanda del Norte no dialogaron los amigos, sino que negociaron los enemigos.
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