De Fuerte Apache a Londres


Carlitos nació el 5 de febrero de 1984, en Capital Federal. Hijo de Adriana Martínez y Segundo Raimundo Tevez, de chico supo lo que es tener que ganarse el pan. Su viejo trabajaba todo el día  para poder llevar el pan a la humilde casa de Fuerte Apache.



En su casa, en el departamento L en el primer piso de la calle Barragán 214, en pleno barrio Ejército de Los Andes, empezó a vivir su sueño. Entonces, mientras en los potreros del barrio se jugaba algo más que el honor, se puso como meta sacar a su familia de esa situación, y sobre todo, de ese lugar.


 


Mientras, su sueño de jugar con la camiseta de sus amores, iba en aumento. “Yo, con la pelota y en familia, soy feliz. Siempre hay que valorar lo que uno tiene. Nací en una villa, me crié en una villa y mis raíces siempre van a estar ahí. Por más que sea famoso nunca voy a agrandarme”, asegura.


 


“La vida en el Fuerte era muy linda. Todos mis valores los aprendí ahí. El respeto, la humildad, el sacrificio, saber valorar las cosas... En el Fuerte, el que quiere vivir tranquilo lo puede hacer. Depende mucho de la contención y de los límites que te fije la familia. Para hablar del Fuerte primero hay que vivirla. Yo no voy a hablar de tu barrio si no lo conozco. Roban en Devoto, en San Isidro, en La Boca, y enseguida todos dicen que eran del Fuerte Apache. Siempre pasa lo mismo” decía una vez Carlitos.


 


La vida del Tévez profesional ya había comenzado, cada minuto, cada partido en Boca demostraba que su figura crecía a pasos agigantados, pero poco a poco, comenzaba a transitar el camino de la noche, y en ese camino fue que se cruzó con la modelo Natalia Fassi, con quien tuvo una corta pero intensa relación sentimental, a la par que su, por entonces ex novia, Vanesa, estaba embarazada. Pero las persecuciones de los paparazzis, y toda la prensa de la farándula, provocaron la ruptura de la pareja.



 


Para ponerle un poco de paz a su vida, Carlitos decidió cambiar de aires, y fue por eso que aceptó la oferta del Corinthians de Brasil, adonde viajó con la madre de su hijo, con quien ya se había reconciliado. En el país carioca, rápidamente se convirtió en ídolo, situación que se confirmó al ganar el famoso campeonato llamado Brasileirao, con el que cortó una sequía de 6 años.


 


Lo que se había transformado en una gran historia de amor, gracias a los malos resultados, de a poco se convirtieron en una película de terror, que lo hicieron tomar una nueva importante decisión, irse a Europa, precisamente a Londres, al West Ham, donde, a pesar del idioma, las nuevas costumbres, necesitaba empezar de cero nuevamente.


 


Una vida a toda marcha, en donde la única manera productiva que encuentra para bajar un cambio, es cambiar de país, y recomenzar su historia nuevamente.

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