Del maltrato animal a la violencia familiar

*Por el Médico Veterinario Leonardo Sepiurka.

En notas anteriores en minutouno.com descalificábamos las manifestaciones de maltrato hacia los animales evidenciadas en distintas formas de agresividad y hasta expresadas artísticamente en obras deleznables.


 


La crueldad llega a grados inadmisibles que se presentan desde la niñez, cuando algunos malcriados o mal aprendidos no dudan en aplastar la cabeza de gatitos recién nacidos sin mediar más razón que un impulso asesino. Probablemente este maltrato es el mismo que recibe desde sus progenitores en su casa o lo que ve que sucede entre ellos.


 


La infancia es la base de la formación emocional, y el facilitar el contacto con animales desde temprana edad permitirá recibir el afecto que estos generan, criándose en un ámbito de contención emotiva. Este vínculo permite en un ida y vuelta devolver ese afecto a los animales estableciéndose una relación encaminada a construir un relación sólida.


 


La falta de límites en el seno familiar, a lo que se suma el inusitado nivel de violencia generado desde las pantallas televisivas, inducen desde la emisión de programas violentos a copiar acciones que suponen divertidas, o que posicionan al ejecutor como héroe o líder de un grupo de patotas. Esta triste escena que se suscita y que el lector podrá imaginar, se inscribe en el universo del sufrimiento animal.


 


Quienes comienzan abusando de animales, cuando niños, posiblemente también extiendan el maltrato a personas cuando sean mayores. La frustración o venganza que lo moviliza puede extenderse a criaturas, incluyendo en ocasiones a los propios hijos y luego a las parejas.


 


Quien maltrata inicialmente a otros animales o a los propios, está preanunciando que va por más, y las próximas víctimas se encuentran en el seno de su familia.


 


La crueldad y el sadismo nutren a diario artículos periodísticos, y la espiral va en ascenso.


No hay razón que justifique estos hechos, y la raíz deberá ser buscada en un gabinete psicológico a donde debería dirigirse el abusador.


 


La detección temprana de estas anómalas situaciones podría evitar que estos psicópatas, lleguen a ser asesinos seriales.


 


Hurgando en los antecedentes de muchos de ellos se ha rescatado que en su pasado siniestro resaltan acciones de maltrato animal desde su más temprana edad.


 


Hace ya más de 31 años que se emitió en Londres el manifiesto de los derechos del animal, con puntos que deben ser observados y cumplidos. Mucho queda aún por hacer en la defensa de los indefensos animales. 


 


La educación y el respeto al mundo en que vivimos es el camino obligado. Cumplir estas premisas es la consigna necesaria para permitir que nuestro planeta siga siendo habitable.


 


Por Leonardo Sepiurka   


 

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