Derrota de Al Qaeda
*Como todo lo que ocurre en África, la invasión etíope a Somalía pasa en gran medida desapercibida en Occidente
*Sin embargo, ha implicado una durísima derrota para Osama Ben Laden y el ultraislamismo.
Por Claudio Fantini
Al Qaeda ha sufrido una derrota en Somalía. Justo cuando el Cuerno de África, estratégica puerta al continente negro del petróleo que cruza el Mar Rojo, quedaba al alcance de la mano de Osama Ben Laden y Aymán al Zawahiri, la invasión etíope aplasta al ejército fundamentalista. Apoyadas por Al Qaeda e integradas por legionarios árabes, sudaneses, afganos y paquistaníes, además de los eritreos que se sumaron para combatir a sus archienemigos etíopes, las fuerzas de las llamadas Cortes Islamistas, que comparten con Ben Laden la inflexible doctrina wahabita, estaban derrotando al débil ejército somalí. Ya había echado de Mogadiscio al escuálido, arrinconándolo en Baidoa, donde el último bastión oficialista parecía a punto de caer, cuando el régimen etíope liderado por el presidente Girma Wolde Giorgis y el primer ministro Meles Zenawi, tras garantizarse el apoyo norteamericano y europeo, lanzó la invasión que finalmente frustró la victoria fundamentalista.
En medio de ese vacío de autoridad se abrió paso la milicia multinacional de las Cortes Islámicas, orientada ideológicamente por Al Qaeda y asistida militarmente por el jeque Omar Bashir, líder fundamentalista de Sudán, y por los ultrafanáticos Grupos Salafistas de Combate y Predicamento, fuertes y activos en países magrebíes como Argelia, Túnez, Mali y Marruecos.
Ya habían conquistado Mogadiscio y, cuando se aprestaban a dar el golpe de de gracia al gobierno arrinconado en Baidoa, el ejército y la Fuerza Aérea de Etiopía intervinieron con un fulminante despliegue que, en sólo un mes, puso a los fundamentalistas en retirada, acorralándolos contra la frontera sur, que separa a Somalía de Kenya.
Así como muchos somalíes se sumaron a las fuerzas gubernamentales para luchar contra las fuerzas islamistas por estar éstas integradas, en gran medida, por combatientes y jefes extranjeros, la invasión etíope podría también generar reacciones adversas.
Etíopes y somalíes mantienen desde hace décadas diferendos territoriales, por los que ya han tenido dos guerras. Para los somalíes, su país no tendría forma de boomerang si Etiopía le devolviera los territorios que le usurpó en el Oeste.
El último conflicto armado entre ambos países fue en 1977 y dejó mucha pobreza y devastación en Somalía.
El gobierno de Adis Abeba deberá tener en cuenta, además, el factor cultural y religioso. Los somalíes son mayoritariamente musulmanes sunitas, mientras que los etíopes son cristianos. Y este es, precisamente, el aspecto que agiganta la derrota de Al Qaeda.
Así como alientan las limpiezas étnicas contra las tribus cristianas y animistas del Darfur, en el sur sudanés, Osama Ben Laden y Aymán al-Zawahiri han exhortado siempre a los extremistas musulmanes a apoyar a Eritrea en su eterna guerra contra los etíopes, precisamente porque Etiopía es uno de los principales bastiones cristianos de África, continente al que Al Qaeda pretende islamizar por completo.
Etiopía, que desde 1987 tiene una constitución democrática, ha dado un duro golpe al expansionismo ultraislamista. Pero su victoria en Somalía se reduce a una batalla, en el marco de una interminable guerra.
Si las fuerzas etíopes no se repliegan rápidamente a su propio territorio y si no se establece en Mogadiscio un gobierno fuerte con un ejército poderoso, Al Qaeda tendrá en Somalía el escenario más adecuado para su jihad: un país musulmán ocupado por “cruzados” cristianos. Y a renglón seguido, el Cuerno de África se convertirá en una nueva Afganistán.
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