Desbordó la pasión

*Cada vez que juegan Boca-River crece la expectativa y aumentan los precios.
*Las populares llegaron a costar $100 en la reventa delante de las narices de los policias, las hamburguesas y gaseosas se fueron por las nubes, pero los hinchas no pararon de gritar.

Télam
Por Télam

Los superclásicos entre River y Boca siempre son especiales, no importa que no jueguen por nada, los dos quieren ganar, cueste lo que cueste y ese fue el mensaje que salió de las tribunas del repleto estadio mundialista de Mar del Plata.



Los nervios de la previa, el apuro por ingresar a la cancha, el buen o mal humor, dependiendo de como se daba el partido, fue como se vivió el superclásico jugado en la ciudad feliz.


 


Claro, que para disfrutar hay que saber sufrir, porque llegar a la cancha fue un verdadero caos. La multitud que arribó al estadio superó todas las expectativas.



El problema fue que llegó mucha gente sin entradas, varios compraron sus localidades con los revendedores, que llegaron a pedir por una popular 100 pesos.



Lo curioso es que muchos de los revendedores hacían su trabajo en la cara misma de la policía, que no hacía nada por impedir esto. Sólo unos pocos fueron detenidos.


 


Una vez dentro de la cancha ocurre lo mismo de siempre: nadie respeta su lugar, cada uno se sienta donde quiere y otra vez a pelearse.



Después llega otro inconveniente, porque los partidos comienzan muy tarde y luego de un gran día de playa aparece el hambre. Y ahí el que sufre es el bolsillo.


 


Una gaseosa o un agua mineral tiene un valor de tres pesos o más, depende del puesto y para el River-Boca hasta las hamburguesas fueron más caras que en otros partidos.



"Si suben las entradas nosotros aumentamos las hamburguesas", le dijo un puestero a un hombre indignado, porque gastó cerca de 20 pesos por algo que le hizo sólo algunas cosquillas en el estómogo.



Pero después de todas las peripecias llegó el tiempo del fútbol. Y la primera imagen fue la de River estando dentro de la cancha y Boca ingresando casi 10 minutos después.



Los más optimistas auguraban un gran partido, otros decían sin equivocarse, que por el patético estado del campo de juego del José María Minella eso sería imposible.



Sin embargo, pese a ser un partido de verano, los dos los jugaron a muerte, queriendo ganar, con peleas entre los futbolistas, situaciones de gol y por momentos mucha emoción.


 


La espectacular noche marplatense fue testigo de otro superclásico, fue testigo de otra fiesta del fútbol, una fiesta que nadie se quiere perder y que, esta vez, los violentos no
pudieron empañar.

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