Dios creó al mundo en seis días y al séptimo descansó
*En ese sexto día creó las distintas especies animales, comenzando por los insectos y terminando con el más complejo de todos: el hombre.
*El peligro actual que sufre el equilibrio natural de las especies.
*Por el Médico Veterinario Leonardo Sepiurka.
Dios creó al mundo en seis días y al séptimo descanso, y justamente su labor del sexto día es la que deseo rescatar.
Durante el transcurso de ese día fue creando las distintas especies animales, comenzando por los insectos, generando luego otras especies superiores, para finalizar esa ardua jornada de trabajo con la creación del mismísimo primer hombre: Adán.
Cada individuo de cada especie nació a la vida, cumpliendo un rol predeterminado en el delicado equilibrio así concebido, estructurado de modo tal que cada uno ocupaba su espacio, para ejecutar las funciones que les fueran asignadas.
Esta concepción religiosa, no se aparta de la teoría de Darwin de la evolución de las especies, y hasta un laico debería aceptar que aún no pudiendo explicarse acerca del origen de la vida, ésta sí es fruto de un desarrollo, donde cada grupo animal se ha ido articulando en los espacios geográficos asignados para nacer, vivir, reproducirse y morir.
Esta secuencia marca, inexorablemente, que de acuerdo al nivel de la pirámide ecológica donde se encuentren ubicados, cada grupo deberá alimentarse de otras especies inferiores más prolíficas, que le sirven como el pasto a las bestias. Y esto podrán encontrarlo en esos sitios predeterminados de este planeta, o como otros grupos de especies nómades, requerirá su desplazamiento en la busca de fuentes de agua y alimentos.
Pero en la medida que subimos en esa pirámide acercándonos más al hombre comprobamos, a veces con horror, como algunos grupos de primates superiores que se alimentan de hojas, brotes, y frutos, para satisfacer sus necesidades proteicas salen de cacería, con una estrategia y organización que no tiene nada que envidiar a las planificaciones de los más avezados generales. Lo lamentable es que, como en las guerras, las víctimas son sus propios congéneres- usualmente los más jóvenes e indefensos- , que no sólo sucumben sino que son devorados en verdaderos actos de canibalismo.
Pero esto forma parte de la vida, y es hasta necesario para poder asegurar la función reproductiva, que permita generar a la descendencia que asegurará la perpetuación de las especies.
En este mundo amenazado, donde las especies están sucumbiendo como consecuencia de la polución, de la caza indiscriminada, o por la alteración de sus ecosistemas, deberemos apostar a realizar aquello que permita salvar el mayor número posible, para que nuestros hijos, y los hijos de nuestros hijos, puedan convivir pacíficamente con sus hermanos menores del reino animal, y también el vegetal.
La bocanada de aire inicial en la primer inspiración de un nuevo ser, no solo le proporcionará el oxígeno necesario para vivir, sino que será el modo de conectarse a este planeta y a todo el universo en la cual estamos insertos.
Dejá tu comentario