Eclipse de Lula

*Al asumir la presidencia de Ecuador, Rafael Correa otorgó un protagonismo casi excluyente a Hugo Chávez, exaltando sus políticas y su liderazgo a nivel regional, devaluando la presencia del presidente brasileño y otros mandatarios.
*Luces y sombras de un discurso emotivo, contundente y vigoroso.

No fue precisamente un discurso tibio. Al asumir la presidencia de Ecuador, Rafael Correa dijo todo lo que debía decir para aterrorizar al empresariado y poner en estado de pánico a los inversores extranjeros; hizo todas las señales que debía hacer para que Washington lo coloque en su lista de despreciados y formuló todos los anuncios que hacen falta para presentar al suyo como un gobierno de cambio sísmico y de confrontación.

El signo más relevante es que el mensaje de Correa convirtió, de hecho, la ceremonia de asunción en una proclamación del modelo chavista y en un voto al liderazgo de Hugo Chávez en toda la región. A pesar de algunas frases galantes para los demás mandatarios latinoamericanos presentes, fue el presidente de Venezuela el protagonista casi excluyente y el homenajeado permanente por las palabras de un orador que relegó totalmente a figuras como el colombiano Alvaro Uribe y el peruano Alán García, pero también devaluó la presencia del brasileño Lula, poniéndolo a la sombra del “amigo comandante” bolivariano. Desde un ángulo de observación, uno de los rasgos más significativos de la asunción del nuevo presidente fue el eclipse de Lula que logró Chávez en el escenario ecuatoriano.

Correa adhirió al “socialismo del siglo 21” proclamado por el líder venezolano, se sumó a su visión del imperialismo y de la integración, además de anunciar como primeros pasos de su gestión a las mismas medidas con que Chávez inició su “revolución bolivariana”: plebiscito y asamblea constituyente.

Otro signo de la influencia chavista en la ceremonia de Quito fue la presencia de Mahmud Ahmadinejad. El presidente iraní está construyendo alianzas con gobiernos latinoamericanos para romper los cercos con que Washington procura aislarlo, y fue su gran aliado venezolano el que aceitó los acuerdos económicos, políticos y diplomáticos que alcanzó en un puñado de días. También fue Chávez quién gestionó un lugar para que Ahmadinejad pueda mostrarse en el escenario latinoamericano junto a presidentes mundialmente respetados como Lula y Michell Bachelet, y figuras como el príncipe de Asturias.

¿Todo esto significa que Correa será un prolijo discípulo y seguidor del exuberante hombre fuerte de Caracas?

No necesariamente. La historia personal y académica de Rafael Correa permite esperar de él un rol relevante y un gran impulso reformista, sin alineamientos ideológicos, desmesuras políticas ni personalismos autocráticos. Es un economista de sólida formación (hizo maestrías y especializaciones en Estados Unidos y Bélgica), cuya trayectoria académica, publicaciones y también su gestión como ministro de Economía del saliente Alfredo Palacio, certifican su perfil nacionalista y productivista sin deslices demagógicos ni excesos populistas.

En rigor, su discurso de ayer fue mucho más radical que lo expuesto mediante su accionar concreto en toda su vida profesional y política. Lo que denunció en su discurso y los cambios prometidos reflejan una realidad indiscutible: la decadencia de clases dirigentes ineptas, corruptas y serviles, sumada a políticas excesivamente libremercadistas impuestas por Washington a través de los organismos multilaterales de crédito, dio como resultado el fortalecimiento de oligarquías económicas y el hundimiento en la miseria de vastos sectores de población.

Sin embargo, como visión unidimensional, oculta otras realidades también indiscutibles: la aplicación de políticas similares a las que se engloban bajo el rótulo de “neoliberal” dieron muy buenos resultados en países con clases dirigentes serias, inteligentes y capacitadas, que las aplicaron sin ortodoxias ideológicas y con responsabilidad social. Como ejemplo están España, Chile, Irlanda y Nueva Zelanda, entre muchos otros.

En Ecuador es indiscutiblemente necesario terminar con las burocracias partidarias que debilitaron la democracia, con la oligarquía que se nutre de la desigualdad y con la dolarización que dejó la economía sin capacidad de producción. La cuestión es hacerlo sin imitar el modelo ruso de autocracia con estatismo y capitalismo corporativo que Chávez introdujo en Latinoamérica.

Es posible que Correa logre las profundas reformas económicas, políticas y sociales que Ecuador necesita, sin amenazar el pluralismo y la iniciativa privada. Tal vez, el protagonismo que le dio a Chávez eclipsando al propio Lula en el firmamento latinoamericano haya sido el pago por la millonaria colaboración a su campaña electoral. Y sobre todo, la forma de garantizarse una promesa que hizo Chávez y que para la economía ecuatoriana sería una bendición: destilar a bajísimo precio en refinerías venezolanas el petróleo de Ecuador.

Siendo el quinto productor regional de crudo, Ecuador exporta petróleo pero importa la nafta y los demás combustibles que utiliza, porque no tiene refinerías. Si Chávez cumple, el gobierno de Correa puede alcanzar el superavit que necesita para cumplir sus promesas. O sea que en Caracas está buena parte de la posibilidad de que Rafael Correa logre que no lograron los gobiernos anteriores: cumplir lo prometido en la campaña electoral.

En las tres últimas décadas, la clase dirigente ecuatoriana mostró su decadencia con gobernantes ineptos, o corruptos, o pusilánimes, o serviles o todo eso junto. Sólo el socialdemócrata Rodrigo Borja hizo una gestión medianamente respetable. Los demás, desde León Febres Cordero a Lucio Gutiérrez, pasando por Sixto Durán Ballén, Abdalá Bucarán, Jamil Mahuad y Fabián Alarcón, aportaron su mediocridad para profundizar la desigualdad social y la debilidad económica de Ecuador.

Correa está obligado a devolver autoridad y respeto a la autoridad presidencial, sin caer en el extremo de la autocracia ultrapersonalista. Sus libros, su trayectoria académica y su paso por la función pública revelan que tiene condiciones para lograrlo.

Dejá tu comentario