Los argentinos del segmento AB, es decir, las personas con mayor poder adquisitivo, parecen coincidir en una cosa: la palabra “lujo” y todo lo que conlleva es una grasada. Ha sido desterrada de su vocabulario. La mayoría de los productos de marketing destinados a ese segmento no la utilizan, por estar asociada al mal gusto, el exceso y la necesidad de llamar la atención.
El segmento AB se compone de personas que tienen ingresos mayores a $ 20 mil por mes, más una casa, dos autos y tres empleados de servicio. En general, se muestran desinhibidos a la hora de gastar, pero la ostentación no parece ser su objetivo.
Estos consumidores Premium elijen marcas exclusivas, menos relacionadas con el lujo en si, y más apuntadas a lo distinto, lo personal. El objetivo es mantener el consumo dentro de las marcas de primera línea pero sin resignar cierta sofisticación.
Es por eso que muchas marcas “de lujo”, en términos de la década pasada, no son en general del gusto de los millonarios argentinos. Por ejemplo Versace, Ferrari o Mini Cooper.
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En cambio, Escada, Boucheron, Valentino, Cartier, Hermes, Bulgari, Hermenegildo y Hugo Boss son favorecidas. Entre las nacionales, Catena Zapata, Rutini, Etiqueta Negra, etc.
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¿Cuál es la diferencia? según lo publicado por el diario El Cronista, estas marcas hacen que el cliente se sienta exclusivo, saben adónde apuntar, son “mimosas” con el cliente, . En pocas palabras, apelan a una estética lujosa, pero evitan la vulgaridad y el exceso. Como si el cantante de los Redondos lo supiera, ¿no?
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