El afecto y las caricias ayudan a paliar el dolor
*Al incluir a los animales en el concepto de la OMS de que la enfermedad es biopsicosocial debemos aprender a entender, y enfocar el manejo de las enfermedades con un concepto más amplio.
* Una mano caliente no reemplaza a la mejor de las medicinas, pero con seguridad contribuye a que el resultado de un tratamiento sea más efectivo”.
Imaginemos una situación donde dos animales “gemelos”, criados y mantenidos en el mismo ambiente, con similar alimentación y manejo padecen de una misma patología –médica o quirúrgica- la que requiere los procedimientos del caso y una etapa de recuperación. Consignado uno a una jaula de internación y el otro conviviendo con el cuidado y el afecto de su amo muestran distinta recuperación, siendo por lejos más favorable para el segundo caso.
Cuando un animal vagabundo es asistido tratando de curar sus heridas o enfermedades, exhiben una evolución diferente si sigue atendiéndoselo en su condición de vagabundo, o sí es cobijado en un hogar. Es sorprendente como en este último caso y más allá de los tiempos biológicos, la evolución se torna más favorable.
Si quisiéramos mensurar esta situación avalados por el rigor del método científico, probablemente encontremos datos objetivos que reforzarían esta aseveración. Pero es subjetivamente evidente que el apoyo del propietario favorece ampliamente la recuperación.
Como contrapartida, no es infrecuente ver animales que enferman en el entorno en que viven, pero esto se da cuando el núcleo familiar “está enfermo”. Cuando no es un hijo, el perro o el gato se constituyen en denunciantes de esa situación como emergentes de esa problemática. En ocasiones con solo sacar a nuestro paciente del núcleo enfermante, esa actitud resulta ser la terapéutica necesaria y suficiente que conduce a su cura. Podría en este caso pensarse en la antropogénesis de la enfermedad.
Al incluir a los animales en el concepto de la OMS de que la enfermedad es biopsicosocial debemos pues aprender a entender, y enfocar el manejo de las enfermedades con un concepto más amplio del que nos instruyen los fríos libros de texto.
Es desde hace unos años y afortunadamente con mayores perspectivas para el futuro próximo, que se ha comenzado a desarrollar la técnica de la zooterapia – esto es la terapéutica asistida por animales – con perros, gatos, y caballos entre otros, para ayudar a la recuperación y mantenimiento de pacientes humanos y desde chicos hasta ancianos, padecientes de distintas patologías. Así, desde hospitales a geriátricos - y pasando por distintas instituciones que alojan a enfermos con distinto grado de compromiso - han comenzado a recurrir a esta terapia que demuestra pruebas irrefutables del beneficio de acompañar con animales la recuperación de distintas patologías de los seres humanos.
Este tema ya fue abordado en una nota anterior.
Deseaba pues acuñar el concepto de antropoterapia, para señalar aquellos casos donde la compañía del hombre, ayuda en la evolución de las patologías - en este caso – de los otros representantes del reino animal.
Pero si quisiera dejar en claro que no me estoy refiriendo a aquellos casos donde se procede a una exagerada antropomorfización de nuestros pacientes, convirtiéndolos en cuasihumanoides, sino que reservo el término para aquellos casos donde un racional soporte y apoyo da muestras acabadas de resultar ser favorable para la recuperación, o al menos ser útil mediante el acompañamiento, al lograr recuperar calidad de vida para pacientes crónicos y terminales. Argumentábamos al comienzo del uso de este recurso con pacientes agudos, pero los resultados son sin duda más evidentes en aquellos enfermos que a largo plazo demandan del “apoyo humano”.
Cuando hace ya muchos años, di mi primera conferencia sobre el manejo del dolor, concluí que “el afecto y una caricia, ayudan a paliar el dolor. Una mano caliente no reemplaza a la mejor de las medicinas, pero con seguridad contribuye a que el resultado de un tratamiento sea más efectivo”.
Debemos pues estimular a que los profesionales estemos más cerca de los animales y de sus amos, en busca de un racional equilibrio y en el contexto de una atención profesional más humana; de ese modo estaremos seguramente cumplimentando el juramento que prometimos al graduarnos.
Prof. Leonardo J. Sepiurka
Dejá tu comentario