El basurero - Capítulo 2

*Por Dumas.

Capítulo 2.
 
Me quedé parado donde estaba, con el racimo de hojas desparramado a mis piés.
El par de sujetos saltaron a la parte posterior del camión, sosteniéndose de unas manijas que sobresalían de la estructura de la caja. Una nube de humo negro escapó de la chimenea, y el basurero reanudó su marcha.
 
Una mujer que en apariencia no sobrepasava los cuarenta años, salió con pasos rápidos de la misma casa que los tipos habían salido cargando a la anciana, a mitad de cuadra; emitía una serie de gritos de alarma, mientras que con ambas manos carga una bolsa de residuos color verde, repleta.


Uno de los tipos que colgaban de la parte trasera del camión hizo un ademán, descendió, se acercó a la mujer y recogiendo la bolsa volvió hasta el camión arrojando el bulto al interior de la caja. Luego, trepó, y el basurero se marchó rodeado de los compases rítmicos de la cumbia ensordesedora.


La mujer se quedó cruzada de brazos, mirando como yo observaba todo el espectáculo.
"Usted es nuevo en el pueblo", me dijo.


Aturdido por lo que acababa de ver, contesté que sí en un balbuceo. Me agaché a recoger las hojas del


suelo, cuando la mujer se acercó y me ayudó a juntarlas.


"Usted es escritor", dijo. No preguntaba, aseguraba lo que decía; como si de algún modo, cualquier persona que ande cargando una resma de hojas se dedicara a escribir relatos.
Cuando recuperé las hojas, las sostuve abrazándolas contra mi pecho.


La mujer continuaba mirándome; ahora, sonriendo.


"Supongo que nunca había visto al basurero", dijo, otra vez, con ese tono de seguridad que le daba a su voz. Me reveló que esa mujer que habían arrojado al interior del camión, era su madre, que ya hacía rato que deberían habérsela llebado. Y sin darme tiempo a ordenar mi cabeza, disparó: "¿Está escriviendo algún relato nuevo?".


En un tono estúpido, contesté que sí, que había alquilado una casa en el pueblo para escapar del pandemónium de la ciudad para poder escribir una nueva novela que debía entregar a la editorial antes de que comenzara febrero; que el adelanto que me habían pagado me sirvió para mudarme al pueblo mientras escribía. Pero no era eso lo que yo quería decir; lo que realmente quería era una explicación razonable para lo que acavaba de ocurrir: un camión de basura se había llevado a una persona. Así de simple.


"El basurero siempre se lleva todo lo que no sirve", dijo la mujer en un tono sereno que helaba la sangre. Y antes de dar la vuelta y volver a entrar a su casa, se despidió diciéndome: "Le deseo que su novela sea muy buena".
 
"El basurero siempre se lleva todo lo que no sirve", había dicho la mujer. Políticos, no se les ocurra venir a hacer campaña a éste pueblo…


Todavía no puedo creer que me de el lujo de escribir chistes.
 
Dumas
Contacto: [email protected]


 

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