El día que Chávez pidió perdón

Hugo Chávez jamás se había disculpado con ninguno de los tantos dirigentes extranjeros o de su propio país, a los que ametralló de insultos en las batallas verbales que asiduamente sostiene. Al fin de cuentas, se trata de un arma eficaz para la defensa propia. Un arma que Fidel Castro utilizó con fines disuasorios en innumerables oportunidades; por ejemplo a De la Rúa lo llamó “lame-botas de los yanquis”, al uruguayo Jorge Batlle “abyecto Judas” y al mexicano Vicente Fox “marioneta del imperio”.


 


Contar con semejante artillería verbal y con disposición de utilizarla, le permitió al líder cubano disuadir a muchos críticos externos de la conveniencia de evitar choques con él, porque quien lo hace sale lastimado. Como buen discípulo del maestro, Hugo Chávez se hizo diestro en gatillar contra quien osara confrontarlo sus insultos y descalificaciones de grueso calibre. Y sólo los representantes españoles en la última Cumbre Iberoamericana se atrevieron a contraatacarlo en la batalla de Santiago de Chile, inolvidable por el políticamente letal  “por qué no te callas” con que el rey Borbón puso en retirada al beligerante caribeño.


 


Aquel contraataque español fue un hito en la historia de la artillería retórica chapista, porque no había pasado antes en un cara a cara. El único antecedente de contraataque lo protagonizó Alán García, quien como candidato presidencial enfrentado a Ollanta Humala, postulante nacionalista apoyado desde Caracas, entró en un duro intercambio de insultos y descalificaciones con Chávez.


 


Lo que jamás había ocurrido, es que el presidente venezolano se disculpara ante uno de los blancos de su iracundia retórica. Por eso su pedido de disculpa a Angela Merkel, durante la Cumbre entre la Unión Europea, Latinoamérica y El Caribe, realizada el fin de semana en la capital peruana, fue uno de los rasgos distintivos del encuentro intercontinental.


 


Normalmente, las cumbres de este tipo suelen no aspirar a mucho más que a la postal de los mandatarios y a una declaración final inexorablemente condenada a convertirse en letra muerta. Y no estuvo exenta de tales fragilidades la cumbre que se realizó en Lima. Al menos así fue respecto a la declaración final sobre los temas abordados (pobreza y cambio climático). No obstante, el encuentro realizado en la capital peruana tuvo momentos importantes y aspectos originales.


 


La principal originalidad fue la disculpa y el perfil bajo de Chávez.  En respuesta a la afirmación de Angela Merkel de que Venezuela no es vocero de Latinoamérica y su recomendación a la UE de no hacer negocios con gobiernos de ese tipo, Hugo Chávez ametralló a la canciller de Alemania diciendo que su partido había apoyado a Hitler y fue parte del nazismo.


 


Tal apreciación es inexacta. Incluso, el camino del razonamiento es riesgoso, porque en el origen del nazismo hay una clara presencia de izquierda. De hecho, la matriz ideológica fue el Deutsche Arbeiterpartei (Partido Obrero Alemán), fundado en 1919 por un cerrajero de Münich, Antón Drexler, en la mezcla de conceptos clasistas provenientes del marxismo-leninismo con el incipiente nacionalismo que emanaba de la herida abierta por la derrota en la Primera Guerra Mundial y esa afrenta negligente que fue el Tratado de Versalles.


 


Hitler desembarcó en Baviera con la encomienda de investigar los partidos extremistas que estaban surgiendo, y terminó identificándose con esa fuerza radical en la que, junto a Drexler, estaban Dietrich Eckart, Gottfried Feder y Alfred Rosenmberg. Por eso tras el putch de Munich en 1923, después de la cárcel donde escribió “Mi Lucha”, tomando como base esa pequeña fuerza creó el partido nazi, abreviatura de Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei (Partido Nacional Socialista Alemán de los Trabajadores). Obviamente, en el período del gran crecimiento absorbió muchas vertientes conservadoras y otras de la izquierda. De todos modos, los actuales cristianos demócratas tienen como referentes a figuras como Konrad Adenauer, un refundador de Alemania sobre los escombros de la Segunda Guerra Mundial, que había sido opositor al nazismo.


 


Lo novedoso no es el error de la apreciación histórica de Chávez, que por tratarse de un fenómeno político que llegó a absorber casi todo en la Alemania del Tercer Reich, puede ser discutible; sino en la disculpa ofrecida por el exuberante líder caribeño a la canciller germana. Una novedad que, posiblemente, también se inscriba entre las señales de que Brasil, finalmente, está asumiendo un rol de liderazgo en la región. Y en este caso, tomó como compromiso ante los gobernantes europeos y de la región impedir que algún exagerado protagonismo personal termine superponiéndose al diálogo colectivo, como ocurrió en la última Cumbre Iberoamericana en la que todo quedó eclipsado por la batalla entre el hombre fuerte de Caracas y los representantes españoles, José Luís Rodríguez Zapatero y Juan Carlos de Borbón.


 


Merkel le había respondido “gracias presidente Lula, pero sé cuidarme sola” cuando el jefe de Estado brasileño se ofreció como garantía de que no sería agredida verbalmente por Chávez, no obstante lo mismo el gobierno de Brasil se encargó de afianzar ciertas reglas para la cumbre de Lima y planteó a Caracas el error de confrontar con una gobernante tan respetada en la Europa de estos días, como es Angela Dorothea Merkel.


 


La presidenta argentina, Cristina Kirchner, hizo varios aportes interesantes en la deliberación de Lima, por caso planteando temas como las nuevas modalidades de la especulación financiera, particularmente peligrosas en tiempos de carestía alimenticia a escala mundial. Pero uno de los núcleos del debate intercontinental fue la respuesta de Lula a la afirmación europea sobre la responsabilidad de Brasil en la escasez y trepada de precios amenazando con una hambruna internacional. Dicha acusación recoge parte de una realidad innegable, a partir de la apuesta brasileña a los biocombustibles. Pero la respuesta de Lula también fue importante y certera.


 


El jefe del Planalto defendió su gobierno acusando a la Unión Europea de centrar en Brasil una responsabilidad que también involucra a la recesión en Estados Unidos y la escalada de los precios internacionales del crudo. Lo que Europa no se anima a recriminar a Washington y a los regímenes petroleros del Golfo Pérsico, si se atreve a plantear a la potencia sudamericana.

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