El día que Sandro se enamoró
Otra mirada para las acciones diarias. Un pequeño pero efectivo baño de realidad. Tomate un rato y leé.
"Fue un amor de esos que vienen sin aviso".
"Yo llamaba por teléfono a mi representante, y siempre me atendía ella, que era su asistente y sobrina. Estuvo trece años ahí y yo la miraba sin verla. Pero una tarde la vi".
"Fue un beso a la mejilla, despidiéndome, porque me tenía que ir para Rosario. Ese beso, y se iluminó todo. Yo viajaba, y no podía ni hablar. Pensaba: “¿Qué es esto?; ¿estoy loco? Tengo cerca de 60, familia formada…”
"Yo iba en auto y no podía pensar, estaba confundido… Entonces, agarro el celular y la llamo, y le digo: “Tengo un beso encadenado entre mis labios, y la llave de ese beso está en tu boca”.
Ella pensó que me había equivocado, que se lo había querido decir a mi mujer.
Al rato la vuelvo a llamar y le digo: “Eso que dije es para vos!”
"Pasaron los días, unas llamadas telefónicas, hasta que, bueno, pasó lo que pasó".
Sandro, sobre su encuentro con Olga.
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