El día en que Vélez se recibió de grande frente al poderoso Milan

*Un día como hoy el Fortín se consagró campeón del mundo al vencer al Milan 2 a 0 en Tokio. Trotta, de penal, y Asad, fueron los héreos de aquella noche japonesa (y mañana argentina).

El tiempo pasa, pero las imágenes siguen, intactas, en el recuerdo de cada hincha de Vélez y de cada uno que madrugó ese jueves 1º de diciembre de 1994, quince años atrás.

Seguramente, no sólo los fanáticos del Fortín se levantaron. Porque era un equipo argentino el que jugaba un partido, uno solo, para ver si podía consagrarse como el mejor del mundo. Entonces, las miradas estaban puestas en las imágenes que llegaban desde Tokio. 

Y habrá habido detractores que se pusieron el despertador, y no habrán faltado hinchas de Chicago que madrugaron con la esperanza de ver una goleada del Milan que finalmente no fue. Porque ese 1º de diciembre de 1994 era el día de Vélez, aquel fantástico equipo de Carlos Bianchi que le ganó 2-0 a los italianos y se consagró como el mejor del mundo por primera vez en su historia. Sí, el mejor del mundo, y sí, aunque parezca que fue ayer, ocurrió hace ya quince años.

Esas imágenes todavía siguen vigentes en la retina de cada velezano, esos hinchas que no deben tener problema en repetir, a coro, la formación inicial de aquel día... A ver: Chilavert; Almandoz, Trotta, Sotomayor, Cardozo; Basualdo, Gómez, Bassedas, Pompei; Asad y Flores.

Pero principalmente no deben tener problemas para recordar a dos de esos once jugadores: Roberto Trotta y Omar Asad, los goleadores en esa tarde noche de Japón y mañana temprano en la Argentina.

Milan, que era el favorito, no le duró mucho al planteo de Bianchi. Porque a los italianos se les comenzó a desmoronar el sistema que tenían armado a los 5 minutos del segundo tiempo. Costacurta no lo pudo parar a Flores y lo tuvo que agarrar. Entonces sí, el árbitro colombiano Joaquín Torres pitó penal. Y fue el capitán, el 2, el que cruzó la cancha, agarró la pelota sin miedo, la acomodó, tomó carrera y definió. Gol de Trotta, gol de Vélez, gol de ese equipo al que los italianos no conocían hasta que vieron que iba a ser su rival.


 


Delirio de esos con remeras blancas con una V azul en el pecho que cruzaron el mundo para estar en el Olímpico de Tokio, y delirio de  los que estaban en sus casas, de los que no pudieron viajar y sufrían por tele mate en mano.


 


Y eso que parecía utópico "a priori" comenzaba a darse vuelta y a volverse cada vez más real, estaba más cerca...


 


Aunque los 40 minutos restantes serían los más sufridos, iban a tener que aguantarse las embestidas del Milan y tratar de no equivocarse. Porque no sufrir durante lo que quedaba sonaba imposible, salvo que... Sí, otro milagro: de repente apareció el otro héroe, el otro ídolo. Siete minutos después del penal de Trotta, el "Turco" Asad consiguió el 2-0 y la explosión fue total.


 


Fue un golazo del "Turquito", que corrió, eludió al arquero, parecía que se le iba afuera y sin ángulo pero en una gran definición, con la cara interna del pie derecho, puso la pelota adentro del arco. Ahora sí se podía respirar con más tranquilidad, y si la utopía del principio ya se había hecho más real con el penal de Trotta, ahora estaba ahí, al alcance de la mano.


 


Y así fue finalmente. El Milan, el favorito, el de las estrellas del nivel de Maldini, Baresi, Boban y Donadoni, entre otros, miraba sin poder comprender cómo no eran ellos los que levantaban la copa, sin entender algo que nunca se les había cruzado por su cabeza, que era perder...


 


Pero sí, así fue: ¡Vélez campeón del mundo! Y hoy se cumplen 15 años.


 


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