El dibujo táctico de Simeone, ¿sistema audaz o pacto suicida?

River sufrió el primer cachetazo del año, al caer con Boca en el primer superclásico del año por 0-2 en Mar del Plata. Sin embargo, la derrota no fue sólo un duro golpe para el plantel sino también una luz de alerta para el entrenador Diego Simeone.

Es verdad: el trabajo del DT ni siquiera llega a los dos meses de lapso. En este tiempo, Simeone insistió mucho en la parte táctica y anímica de un plantel muy golpeado durante el 2007. Un objetivo ya parece cumplido: River cambió la cara y el espíritu. Pero al dibujo táctico todavía le faltan horas de vuelo. 

En el superclásico, Simeone puso el equipo que tiene en mente para enfrentar este arranque de torneo Clausura y de la Copa Libertadores. Con los mejores nombres, el entrenador puso el esquema preferido: 3-3-3-1. Aunque el balance final deja más detalles en el debe que en el haber.

¿Lo bueno del 3-3-3-1? Esos primeros 20 minutos del comienzo del partido. River entró enchufadísimo, le robó la pelota al equipo de Ischia y lo ahogó en la salida. Ahí, Rosales, Ortega y Alexis Sánchez le ganaron la espalda al medio de Boca y manejaron el partido. Además, Ponzio fue un león en el medio y anuló a Riquelme siguiéndolo bien de cerca.

Salida rápida, juego vertiginoso y presión, fueron las virtudes de ese arranque. Y si River hubiese convertido (Ortega tuvo dos claras), la historia bien podría haber sido otra.  

Pero… el boom de River de a poco se fue desinflando. El pressing asfixiante cedió terreno y fue ahí donde Boca comenzó a dominar el juego. Rodrigo Palacio aprovechó los huecos defensivos que quedaban en el fondo, mientras que Riquelme fue encontrando el aire volcándose a los costados y así le escapaba a la marca de Ponzio. El esquema del Cholo mostró sus debilidades.

¿Lo malo del 3-3-3-1? Los resquebrajamientos en el fondo. La “manta” del fútbol se volvió una frase trillada, aunque no por eso perdió su efectividad: si te tapás la cabeza, te destapás los pies. Y ese es el mayor inconveniente del esquema de River.

La clave está en el medio campo, en el mano a mano entre los volantes. Si River gana ese duelo, ataca con mucha gente. Pero si la diferencia es para el rival, el fondo sufre porque queda en inferioridad numérica.

Ahora el gran dilema lo deberá resolverlo Diego Pablo Simeone: ¿seguir apostando por la ofensiva táctica o buscar un dibujo menos audaz pero que brinde mayor seguridad defensiva?

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