¡El enganche está colgado!

*Es una raza en extinción que está haciendo efecto en la Argentina.
*Son únicos en su especie: tienen habilidad, creatividad y le dan brillo al espectáculo, pero en la actualidad no son tenidos en cuenta por los técnicos.
*Llamativamente, cada vez se cotizan más en todo el mundo.


Parece mentira pero el tiempo pasa, y por eso habrá que ajustarse a la realidad. La tendencia en el fútbol mundial indica que el “enganche” es una especie en extinción y que está haciendo efecto dominó en nuestras tierras.

Se trata nada menos que del fútbol criollo, un país en el que surgieron a lo largo de la historia jugadores que derrochaban alegría con su habilidad, pique corto, gambeta y, sobre todo, creatividad.

Para tener un enganche en el equipo primero habrá que desembolsar una importante suma de dinero por tratarse de un puesto que está a punto de desaparecer en todo el planeta. Algunos entrenadores lo consideran como "joyas" u “objetos de deseo”, mientras que para otros técnicos son un verdadero “dolor de cabeza” en su esquema de juego.

¿Qué es el enganche?

La definición “enganche” surgió a comienzos del a década del ’90, cuando los técnicos intentaban innovar los tradicionales esquemas de juego 4-4-2 o 4-3-3 para darle paso a una nueva raza: la del 4-3-1-2, la misma que le dio tantas alegrías a Carlos Bianchi.

El enganche no es ni “9 retrasado” ni “10 adelantado”, es simplemente “enganche”, “media punta” o  “enlace”, término que es utilizado con frecuencia por los intelectuales del fútbol. Si lo quiere hacer mas elegante, podría calificarlo como “playmakers” (hacedores de juego en inglés).

Su función es la de jugar en libertad en tres cuartos de cancha hacia adelante. Es el que le da alegría a la gente, el jugador distinto, el elegido, el que hace la pausa, el que  le otorga  “belleza” y fantasía al juego con sus pinceladas, sutilezas, asistencias de lujo o pases milimétricos a los delanteros. En una palabra: es la “manija” del equipo, el nexo de comunicación entre el mediocampo y la zona de ataque.

En la actualidad, el enganche pasó a ser un puesto prescindible en todo el planeta fútbol. Así lo entendieron primero en Europa, donde prevalece la rigidez sobre la creatividad y  el físico sobre la habilidad. Y más tarde, el contagio vino a la Argentina.

Una muestra clara del estilo de juego europeo se vio reflejada en el Mundial de Alemania, donde el enganche pasó a ser una pieza de museo. El tradicional y (muchas  veces aburrido) sistema 4-4-2 es la criptonita del enganche y todos las selecciones  padecieron, en mayor o menor medida, en la última Copa del Mundo.

Enganches for export

La Argentina ha sido una verdadera fábrica de enganches cuando el puesto gozaba de popularidad. Juan Román Riquelme, Pablo Aimar, Marcelo Gallardo, Ezequiel González, Rubén Capria, Ariel Ibagaza, Federico Insúa, Leandro Romagnoli y hasta Leandro Gracián son algunos ejemplos de los jugadores con gusto refinado por la pelota y el buen juego que cumplen dicha función con naturalidad.

La realidad indica lo contrario, el enganche está colgado. Insúa no entra en el esquema de juego del Borussia Moengengladbach de Alemania.

En España, y más allá de su problema personal con Pellegrini, Riquelme no tiene lugar pero su pase está cotizado unos €18 millones. Aimar sufre desde el banco y cuando entra, porque no pude jugar en otra función que no sea la de asistir a sus compañeros.

Es más, en la Argentina, Gallardo ni siquiera era tenido en cuenta por Passarella en su última etapa en River y por eso tuvo que emigrar a Francia (PSG). Otro caso es del  “Pipi” Romagnoli, quien tuvo un fugaz paso México y hoy trata de adaptarse al fútbol de Portugal.


 


Como sugerencia, si usted acaba de ver suellto a un enganche, no lo dude: llame urgente al 911 porque el fútbol lo necesita.

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