El estrés también enferma a las mascotas
*Por Leonardo Sepiurka, médico veterinaio.
La naturaleza a dotado a los seres vivientes de mecanismos adecuados para enfrentar las situaciones de peligro, con la capacidad de alejarse de los focos de riesgo, disparando simultáneamente el mecanismo que pone en alerta al organismo.
Desde la más minúscula de las bacterias hasta los seres superiores, cuentan con mediadores químicos incluyendo hormonas en los más evolucionados, que son quienes llevan la información que pone en marcha procesos bioquímicos y fisiológicos preparándonos para la contingencia.
Un caballo, una vaca, una oveja o un cerdo y cualquier otro animal -incluyéndonos-, enfrentados a una tormenta en el campo, ponen en marcha conciente e inconcientemente los sistemas para adecuarlos frente al peligro. Del refranero popular recordamos aquella maldición que dice: "que un mal rayo te parta", pero como los animales no lo saben ni lo quieren, es que ante similares riesgos aceleran sus ritmos cardíacos y respiratorios y preparan sus músculos para huir y protegerse. De igual modo opera el enfrentarse a otros predadores que podrían acabar con sus vidas.
Aún en aquellos animales que han sido incorporados a la protección del hogar, estos mecanismos atávicos siguen operando, y el estrés acompaña a los seres vivos desde los mismos inicios de su concepción.
Pero así como actua como mecansimo de protección, en diversas ocasiones se pone en contra de la misma integridad del individuo y paradójicamente se consituye en generador de enfermedades.
El lector está familiarizado con las enfermedades psicosomáticas, que afloran en diversas formas y asientan en distintos aparatos y sistemas. Vaya como ejemplo la piel, uno de los órganos más grandes del que disponemos como primer barrera de defensa para las agresiones externas, quien suele denunciar en muchas oportunidades problemáticas subyacentes o enfermedades de otros órganos internos.
Un número creciente de animales de compañía muestran sensibilidad manifiesta a los cambios de sus hábitos rutinarios o de su entorno.
Conflictos o reyertas entre los miembros de la familia, llevados o traidos hacia y de otras casas, o la presencia de personas extrañas - visitas, pintores, plomeros, nuevas mucamas, etc. - resultan ser desestabilizadores.
Las consecuencias se evidencian en cambios de conducta, recluyéndose en lugares protegidos o por el contrario mostrando una agresividad defensiva, y tienen como correlato cambios no visibles, sino por sus consecuencias. El estrés produce entre otros una mayor decarga de ácido en el estómago, y esto ha sido demostrado en trabajos experimentales colgando a un cerdo de una pata, quien en menos de 24 hs. presenta una súbita y fulminante gastritis que termina perforando la pared del estómago con el riesgo de vida subyacente.
Así como a nosotros no nos tienen que "colgar de una pata" para comenzar a sentir ardor estomacal y basta el enfrentarnos a las situaciones cotidianas, de igual modo puede presentarse estos cambios en los animales que nos acompañan en nuestros hogares. Los antiácidos, inhibidores de la bomba de protones, y otros protectores gástricos forman parte del vademecum de prescripciones al que debemos recurrir en múltiples ocasiones para tratarnos y tratarlos.
En casos extremos, y ello se ve frecuentemente en ejemplares de razas Toy como Malteses, Caniches, Yorkshire Terriers, entre otros, se presentan en consulta con síntomas propios de gastroenteritis hemorrágicas agudas que requieren un actuar diligente. Tal es la gravedad, con riesgo incluido de muerte, que se deben internar estos pacientes en terapias intensivas y con tratamientos agresivos para compensar disitntos grados de deshidratación, requiriendo en algunos casos transfusiones de sangre o de plasma y un arsenal terapéutico.
Cuando se logra estabilizar al enfermo y se indaga más acabadamente acerca de las circunstancias que precedieron a este cuadro, suelen encontrarse alguno de los factores arriba señalados, quienes actuaron como disparadores de el "estrés malo" que condujo a esta delicada situación.
Nadie escapa a los avatares y vertiginosidad de la vida moderna, y por más que lo intentemos poco es lo que podremos hacer en las actuales circunstancias, aunque con una visión optimista siempre se presenta un resquicio por donde podremos buscar las alternativas que nos alejen de la locura que nos rodea, a nosotros y a nuestros animales incluidos.
Prof. Leonardo Sepiurka
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