El gato, el ornitólogo y los jacarandaes en flor

*El Médico Veterinario Leonardo Sepiurka hace su aporte en la polémica sobre la matanza de un gato por parte de un cuidador de aves.

Las calles de la Ciudad de Buenos Aires se ven embellecidas por estos días por los numerosos Jacarandaes -que siguiendo los tiempos y las reglas que la naturaleza ha previsto- nos regalan como paleta de pintor, una estampida de lilas y celestes de sus flores que se han abierto al unísono.


 


Los frutos y sus semillas encontrarían terreno propicio para implantarse si en lugar de asfalto hubiera tierra. Pero los códigos milenarios que llevan secuenciados en su información los llevan a persistir cada año hasta que tal vez alguna semilla llevada por el viento o algún pájaro encuentre un resquicio donde alojarse y un nuevo vástago germine reiniciando el ciclo de la vida.


 


En esta delicada trama en que se encuentra configurado cada ecosistema, cada especie  vegetal y animal cumple un rol predeterminado configurando lo que se da en llamar la pirámide ecológica.


 


Quienes se encuentran abajo resultan ser alimento fácil de quienes están en la escala superior y generalmente son abundantes y fáciles de obtener. En la medida que se sube en la conformación de esa pirámide el número disminuye y obtener el alimento se hace más difícil e incluso hay competencia entre individuos de la misma especie para obtener el sustento.


 


Es acá donde se lucha también para fertilizar a una hembra y las peleas terminan naturalmente con la muerte del más débil. El punto es que si así no fuera no existiría suficiente cantidad de alimento para mantener a las poblaciones. Este concepto puede hacerse extensivo a los seres humanos y las guerras y matanzas tribales se basan en los mismos determinantes.


 


Artículos recientes en minutouno.com referían a un litigio entre un ornitólogo y un gato que se comía sus cuidadas aves en riesgo de extinción. Como "abogado defensor" de dicho gato podría argumentarse que el sólo entiende que los pájaros son parte de su menú sin poder diferenciar si están en riesgo. De igual modo cazará las ratas y ratones que constituyen su alimento, necesitando en promedio 14 presas por día.


 


De igual modo desapruebo otro comentario referido a matanzas de perros vagabundos en Neuquén, hasta tanto no se hayan agotado la posibilidad de implementar programas de castración, y de ubicación de tenedores responsables para esos animales nómades.


 


En Estados Unidos la castración temprana es obligatoria, y aún así se enfrentan a similar problema de perros y gatos abandonados, y se sostienen refugios donde se alojan los animales hasta que aparezca su dueño o uno nuevo. Si no se los puede ubicar, las leyes federales aprueban la eutanasia.


 


La razón es que debe atenderse a los riesgos de la salud pública, evitando brotes y diseminación de enfermedades que resultan fatales y difíciles de controlar.


Por otra parte el alojar grupos numerosos de animales pueden conducir al canibalismo entre ellos, tanto que resulta complicado mantener en estado ideal a tamaña población. Piense el lector y salvando las distancias lo que sucede en los hacinados campamentos de refugiados en África, Asia, u Oriente Medio, o sin ir más lejos en nuestros precarios asentamientos.


 


El impulso es enemigo de la razón, y sin ser sencillo este bendito mundo debe ser pensado desde la posición de que todo está mágicamente pautado, y así como cada día sucede a cada noche, cada una de las bellas criaturas que lo pueblan saben desde antes de nacer cuál es la función que vienen a cumplir para mantener esta sincronía.


 


Prof. Leonardo Sepiurka 


 

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