Uno de los accesos a la ciudad de Salta estuvo cortado al tránsito. Esto no es extraño, seguramente usted está pensando en un piquete, una manifestación o algo por el estilo. Pero en este caso, los motivos son más peculiares. Lo que sucedió es que dos boas constrictoras se estaban apareando en el medio de la ruta.
Los especialistas coincidieron en afirmar que se trataba de dos ejemplares jóvenes de lampalagua, un macho y una hembra, de 2,30 y 2,50 metros de largo y 15 y 18 kilogramos, respectivamente.
Las dos enorme serpientes provocaron un riesgo para los automovilistas aproximadamente a 28 kilómetros del centro de la capital y a unos 15 al este de la playa de peaje.
Los automovilistas, dada la dimensión de las serpientes, tocaron sus bocinas para tratar de asustarlas y que se movieran, pero en general debieron recurrir a espectaculares maniobras y volantazos para evitar arrollarlas.
Orlando Araujo, técnico laboratorista y un ambientalista declarado, pasaba por la ruta y vio el episodio. El hombre, con el doble objeto de normalizar el tránsito y evitar posibles accidentes, detuvo su marcha, tomó a las serpientes por la cola, las depositó en la caja de su camioneta y regresó hasta la plaza del peaje.
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"Yo conozco a estos animales porque en mi provincia los hay. Sé que están en peligro de extinción y desde que estoy en la autopista he visto ejemplares muertos en el asfalto, arrollados por los vehículos. No los iba a dejar morir", dijo Araujo.
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