El síndrome de vejiga hiperactiva afecta a un cuarto de la población y lo tratan con Botox
Por NA
"La detección y diagnóstico de este trastorno se está haciendo cada vez más frecuente en la práctica urológica. Una de las alternativas mas usadas era la medicación vía oral, pero a partir de múltiples estudios clínicos, un grupo importante de pacientes que no respondían a esta terapia convencional, comenzaron a tener resultados alentadores con la aplicación de toxina botulínica tipo A", afirmó Juan Tejerizo, médico urólogo del Hospital Italiano.
En una primera etapa, la toxina (conocida comercialmente como BOTOX) comenzó a utilizarse de manera experimental en cuadros de incontinencia por vejiga hiperactiva neurogénica.
Actualmente, los resultados son alentadores, no sólo en este grupo de pacientes sino también en los pacientes con vejiga hiperactiva idiopática donde habían fracasado otros tratamientos.
En casos severos, la hiperactividad de la vejiga puede provocar reflujo vesico-ureteral hasta llegar a la insuficiencia renal, esto es, la orina se produce en los riñones y a través de dos conductos llamados uréteres, desciende hasta la vejiga y de la vejiga sale al exterior.
"En el caso de vejiga hiperactiva, la orina puede ascender por los uréteres hacia los riñones provocando el mal funcionamiento de éstos. En la insuficiencia renal el uso de BOTOX disminuye las contracciones anormales de la vejiga aumentando la capacidad de la vejiga, disminuyendo el riesgo de reflujo y logrando controlar la incontinencia urinaria", sostuvo Gabriel Favré, médico urólogo del Hospital Italiano.
Es así, como el uso localizado de esta toxina permite a los pacientes realizar las micciones en forma espontánea, sin el uso de cateterismos y sin la presencia de incontinencia, devolviéndole su independencia en las actividades diarias tanto profesionales como personales.
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