El sospechoso tuvo una "explosión de ira"

El fiscal que instruye la causa por el cuádruple crimen de La Plata planteó la hipótesis de que el móvil fueron "los celos" del presunto asesino.

El fiscal de La Plata, Álvaro Garganta puso en duda que el cuádruple crimen de las mujeres en la ciudad de La Plata haya sido premeditado y no descartó que el homicida haya tenido “una explosión de ira”.



Asimismo, confirmó que el detenido, Osvaldo Martínez de 27 años, tenía un “problema sentimental” con Bárbara Santos, una de las víctimas.



Garganta contó que el joven tenía “rastros de sangre en las uñas” cuando fue aprehendido y ratificó que había en el lugar “huellas de la medida” del calzado que utiliza Martínez.



“No sé si podemos decir que fue premeditado, el joven pudo haber tenido una explosión de ira y ahí se armó el desastre”, señaló el fiscal, al tiempo que remarcó que el accionar del asesino fue secuencial.


 


Garganta reveló que Martínez tenía “algunos rasguños, algún golpe y restos de sangre en las uñas” al momento de ser demorado.


 


Además, aseguró que en el momento de la masacre, la menor intentó comunicarse con su padre para pedir auxilio.


 


"La niña no se comunicó con el padre, pero se trató de comunicar, hubo un intento de hacer esa llamada", sostuvo Garganta, aunque no especificó si esa llamada se cortó o si quedó registrada en las últimas llamadas recibidas en el teléfono de su padre.


 



El funcionario judicial, ratificó que en el departamento donde hallaron a las mujeres asesinadas incautaron un palo de amasar ensangrentado y una cuchillas que están siendo analizadas.




Personal de la Policía Científica también tomó rastros en un mate, un florero, un espejo del comedor, la bacha del lavatorio del baño y en la tapa del lavarropas.



Respecto de la escena del crimen, Garganta aseguró que el hallazgo "fue impresionante, no hay muchas palabras para describir lo que se vio".


 



El domingo, las cuatro mujeres fueron halladas asesinadas a cuchilladas en la vivienda de una de ellas.


 


Una de las víctimas era una persona de 63 años, su hija Bárbara de 29, su nieta de 11 y una amiga de Bárbara, de 30 años.


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