En vacaciones, curiosidades del idioma
En español, hay sólo dos palabras terminadas en “ñía”: compañía (que muchos locutores mal pronuncian “companía”) y hurañía (condición de huraño).
La palabrita sic, escrita entre paréntesis luego de la afirmación de una persona, significa así, tal cual, literalmente y se usa para destacar que, por más que parezca una rareza o una barbaridad, la afirmación es cierta.
En la expresión lesa humanidad, la palabra “lesa” significa “lastimada, lesionada”, lo contrario de ilesa.
Las letras b (o be larga o alta) y la v (o ve corta o baja o uve) no deben diferenciarse en su pronunciación pues ambas son bilabiales.
Cuando alguien se recupera de un desmayo o de los efectos de la anestesia, puede decirse “volvió en sí”, pero cuando se trata de uno mismo, habrá que decir “volví en mí”.
En la expresión el fragor de la lucha, la palabra fragor equivale a ruido estruendoso y no a calor, agitación, esfuerzo, etcétera.
El adjetivo carioca se aplica a los nacidos en Río de Janeiro y no a todo Brasil. El seleccionado de fútbol de ese país no es el equipo carioca; el Fluminense y el Flamengo (equipos de Río) sí son cariocas.
Las disculpas no se piden, se ofrecen. Lo que se pide es el perdón.
El dicho “margaritas a los chanchos” es un error de traducción del original “margaritas ante porcos” en el que “margaron” significa “perla” (de ahí viene “margarina”, por el color), pero nada que ver con las flores. Deberíamos decir no dar perlas a los chanchos.
La palabra “cesárea” no es un homenaje a Julio César; al contrario, al emperador romano lo llamaron así porque nació de ese tipo de operación, en la que la palabra “scisura”, en latín, quiere decir corte.
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