¿Enfermedad o elección sexual? ¿Casamiento sí o no?
Hay teorías que establecen que la homosexualidad es una enfermedad. Más aún, en este sentido existen terapeutas que dicen “Yo te curo2, que aseguran manejar técnicas que permiten volver al unto de trauma en el cual la persona decidió cambiar su identidad sexual (dando por sentado que tal hito temporal existe). Más allá de la mayor o menor seriedad de éstas y otras hipótesis, lo concreto es que el homosexualismo es un terreno muy misterioso y con tantos casos como homosexuales hay, que no existe un patrón común que permita definir si los gays la pasan bien o mal o si quieren transformarse o no en heterosexuales, porque la historia difiere según de quién se trate y de quién la cuente. Lo que sí está claro es que no todo es tan rosa como se dice, ni tan divertido, ni tan sencillito. Al igual que en el mundo de las relaciones heterosexuales, hay muchos homosexuales que reconocen que tienen dudas y ciertos cuestionamientos acerca de su situación. Por eso es una simplificación absurda o, hablando de argentino, una pelotudez hipócrita, referirse al homosexualismo como si se tratara de un mundo aparto poblado de “divinos” que tienen buen gusto y son “súper sensibles”, si es que las mujeres se refieren a ellos, o de unos “putos de mierda” como suelen opinar los hombres, siempre más prejuiciosos o incluso temerosos de sus propias inclinaciones.
Un aura de frivolidad e ignorancia empantana el terreno y hace que todo se confunda, que la “marcha del orgullo gay”, una de las mayores estupideces de los últimos tiempos, se presente como un tema de prioridad nacional o que se defienda con ahínco la idea del “homo-casamiento”, un proyecto ridículo que busca equiparar una relación homosexual a una heterosexual a través de una institución que está en decadencia. (Además, si lo que busca es equiparar efectos legales, se pueden encontrar mil soluciones extra Registro Civil.) Hacer el simulacro con el arroz incluido es una imbecilidad, un típico proyecto demagógico de algún político que “afana” su sueldo utilizando su tiempo para hacer falsa campaña “progre”. Serio es debatir la posibilidad de que los gays sean declarados aptos para adoptar, una realidad que, muy lejos de ser ideal, parece que el mal menor si la opción es un horrible reformatorio. Ante la disyuntiva de “padres homosexuales” versus “delito y muerte a plazo fijo”, no hay duda: se hace imperativo obviar la estéril discusión acerca de si son “dos padres” o “dos madres” y apostar a que siempre es mejor el amor y la dedicación de una familia, por menos ortodoxa que ésta sea.
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