Estados Unidos seguirá fogoneando el calentamiento global

*El representante norteamericano en la cumbre sobre cambio climático que se desarrolla en Bali, reiteró el rechazo de Washington a reducir la emisión de gases de efecto invernadero en las medidas que establece el Protocolo de Kyoto.

Como un dios Jano, aquel de la mitología romana cuya efigie tenía dos caras contrapuestas, Estados Unidos ha exhibido a un mundo atónito sus dos caras opuestas en lo referido al cambio climático: una que lo afronta como principal desafío de estos tiempos y la otra que mira hacia otro lado como si el problema no existiera.


 


Al mismo tiempo que Harlan Watson, el enviado de Washington a la isla de Bali donde se debaten medidas contra el calentamiento global, reiteraba el tajante rechazo norteamericano a reducir la emisión de gases que provocan el efecto invernadero, Al Gore recibía en Oslo el Premio Nóbel de la Paz y reiteraba su exhortación a los gobiernos del mundo a comprometerse con la salvación de la especie y de la vida en el planeta.


 


El mismo país que, junto a China, encabeza el triste ranking de los que agravan el calentamiento global y junto a Turquía lidera el rechazo a lo establecido en Kyoto, exponía en un escenario nórdico a un ex vicepresidente experto en temas ecológicos y abanderado en la creación de una conciencia mundial que permita revertir el calentamiento global; mientras que en la más paradisíaca de las islas del archipiélago indonesio volvía a mostrarse entre los grandes inconscientes a la hora de tomar medidas contra el fenómeno más peligroso para el futuro cercano del planeta.


 


En rigor, más que los Estados Unidos, a esta forma suicida de inconciencia ecológica la evidencia el gobierno de George W. Bush y buena parte del empresariado industrial norteamericano. Después de todo, la administración Clinton, con Gore como vicepresidente, había impulsado los debates internacionales sobre el efecto invernadero y había suscripto el Protocolo de Kyoto, comprometiéndose a reducir entre 25 y cuarenta por ciento las emisiones antes del año 2020; siendo el actual gobierno conservador el que abandonó la iniciativa más importante que se haya adoptado para rescatar a la humanidad del infierno que ella misma se está creando.


 


Bali era la oportunidad de Bush para limpiar la mancha en la imagen de Estados Unidos que le dejó su traición a Kyoto; pero la administración republicana reincidió en actuar contra la opinión pública mundial, con el agravante de hacerlo en un terreno de importancia vital.


 


Como vocero de la Casa Blanca en ese rincón de Oceanía, Harlan Watson no agregó nada nuevo en el menú de excusas.


 


Es cierto que no está del todo claro que esos niveles de reducción de emisiones (entre el veinte y el cuarenta por ciento) sean los que garantizan al menos una tasa aceptable de calentamiento y que, como sostiene Washington, comenzar el debate  poniendo un número de reducción es prejuzgar.


 


Pero está claro que lo que provoca el efecto invernadero son las emisiones, ergo la única posibilidad de revertirlo (o al menos frenarlo) es disminuyéndolas, y al respecto el gobierno norteamericano no ofrece absolutamente nada, limitándose a ganar tiempo sin imponer medidas de ningún tipo a la industria que emite gases de efecto invernadero.


 


En el mismo puñado de días en que la administración Bush hacía ostentación en Bali de la cara más mezquina y peligrosa de los Estados Unidos; salvaban en alguna medida la imagen del país que tanto ha deteriorado el actual gobierno conservador, el actor Leonardo Di Caprio estrenando una película sobre esta temática y la presencia de Gore en el Ayuntamiento de la capital noruega recibiendo el Nóbel junto a Rajendra Pachauri, director del Grupo Intergubernamental sobre Cambio Climático.




 


 


Contrapeso 


 


Coincidiendo con el film de Di Caprio en que aún no es demasiado tarde, el ex vicepresidente demócrata, además de difundir conciencia y conocimiento sobre el drama climático que enfrenta la humanidad, ha realizado propuestas específicas en la materia, como la creación de una tasa mundial que grave el consumo de energía causante de cambio climático, compensada por una reducción de las cargas que gravan el trabajo.


 


Y frente al comité nórdico que premió sus esfuerzos, quizá también como modo indirecto de castigo a Bush, el dirigente demócrata que desde muy joven se formó en cuestiones ambientales pronunció un discurso lúcido y profundo.


 


Albert Gore llamó a abandonar la idea de acciones individuales, explicando que “no es un reto para el yo, sino para el nosotros”.


 


También lanzó una exhortación electrizante a los dos países que más fogonean el calentamiento global (el suyo y China), al sentenciar que ambos “serán responsables ante la historia”.


 


Así mostró Estados Unidos su aspecto de dios Jano, con una cara que sigue mirando hacia otro lado mientras crece la peor amenaza que ha tenido la especie humana, pero con otra que ha decidido fijar la vista en el problema.

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