Evangelina Anderson, una vegetariana en la cocina
- Dudó cuando minutouno.com la convocó para hacer una producción en la que tenía que cocinar. Pero se animó y después de entrenar para Patinando por un sueño, inventó una receta y se calzó un sugestivo delantal de cocina.
- Los “Fideos a la Anderson” fueron la excusa para que Evangelina contara, por ejemplo, que está sola desde enero y que ya no aguanta más.
Pura simpatía, Evangelina Anderson le explicó por teléfono a minutouno.com que no sabía cocinar, pero ante la insistencia, se sumó al desafío con un plato de su autoría: los “Fideos a la Anderson”, una pasta original con salsa de crema, aceitunas negras, cebolla de verdeo y... arvejas.
Es cierto que hizo el intento y se fue a vivir sola, pero no funcionó: “Volví porque me sentía muy sola, acá me siento muy cómoda, no hago nada”, admitió, sin ningún asomo de culpa.
Pero claro, nunca llegó a ejercer como docente porque se le cruzó en el camino Mónica Corona, quien la inició en el mundo del espectáculo y hasta la bautizó “Mi apellido real es Paterno –con acento en la o-, pero Mónica empezó a llamarme Anderson y cuando puso ‘Evangelina Anderson’ en la cartelera del teatro no me lo pude sacar más”, contó Evangelina y admitió que a su papá le hubiera gustado que llevara su apellido real.
Después se fue seis meses a trabajar a Chile, donde participó en el programa Morandé con compañía. “Mientras estaba allá con Kike Morandé, que es como el Tinelli chileno, me llamó Gerardo Sofovich y me pidió que viniera a hacer comedia porque me había visto en unas revistas –relató Anderson- y ni lo dudé, me encantó la posibilidad de trabajar acá y más de la mano de Gerardo que es el mejor productor. Ahí estuve 10 meses con Iliana Calabró y el Chino Volpato, seguí con él el verano pasado en Carlos Paz, con la revista de Sofovich y ahora estoy con Patinando y viajando mucho los fines de semana al interior para hacer desfiles”.
Además, toma clases de clásico para trabajar la postura y la elongación, los viernes hace un show en un boliche y está haciendo muchas campañas gráficas. Como si esto fuera poco, además de entrenar a la mañana, a veces va a patinar sola a la tarde, cuando tiene un ratito.
A diferencia de Bailando, en Patinando no hay un soñador, sino que el sueño lo elige la pareja: “Como mi compañero es cordobés, elegimos entre los dos una Fundación que atiende a chicos que fueron abusados, maltratados y violados por los padres, de cero a cinco años, así que para mí es un compromiso grande y por eso trato de matarse, de no faltar y de aprender mucho”, explicó la vedette.
Con respecto a su expectativas, Evangelina confesó que al principio se ilusionó mucho, porque resultó ser muy buena sobre el hielo: “Con el tiempo se me fue pasando un poco la ilusión, porque me di cuenta de que no suma tanto cómo patinás ni las ganas que tengas, sino otras cosas y aunque yo no soy de pelearme, es cierto que te buscan, porque hay chicas que buscan prensa, que quieren llamar la atención y a veces uno cae en la volteada, pero hay que tratar de no prenderse”, señaló Anderson y dijo que ella sufre cuando la atacan o cuando alguien habla mal de ella –cosa que quedó demostrada cuando lloró en la pantalla chica, en plena pelea con Fernanda Vives, la esposa de la Tota Santillán-.
La modelo, que el 23 de julio cumplió 24 años, eligió un festejo atípico: organizó la fiesta del semáforo. Antes de su cumple y cortando aceitunas, Evangelina explicó la consigna en su casa: “Los que están solteros van con una prenda verde, los que están de novios o tienen alguna cosita así nomás van de amarillo y los que están casados de rojo”. Pensando en su atuendo verde y mientras rehogaba la cebollita de verdeo, la rubia le pidió a la cronista de minutouno.com que la ayude a conseguir novio: “Estoy sola desde enero y ya no aguanto más”, dijo, aunque no lo crean, y armó una fuente impresionante con su plato de pastas.
Más agotada que después de un día de entrenamiento, Evangelina se animó a probar su obra: “¡Ay, no lo puedo creer, me salió rico!”, se asombró y no paró de insistir hasta que logró que todos comieran sus fideos, a pesar de que eran las cuatro de la tarde.
Gabriela Lima
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