Evangelina Anderson, una vegetariana en la cocina


  • Dudó cuando minutouno.com la convocó para hacer una producción en la que tenía que cocinar. Pero se animó y después de entrenar para Patinando por un sueño, inventó una receta y se calzó un sugestivo delantal de cocina.
  • Los “Fideos a la Anderson” fueron la excusa para que Evangelina contara, por ejemplo, que está sola desde enero y que ya no aguanta más.

Pura simpatía, Evangelina Anderson le explicó por teléfono a minutouno.com que no sabía cocinar, pero ante la insistencia, se sumó al desafío con un plato de su autoría: los “Fideos a la Anderson”, una pasta original con salsa de crema, aceitunas negras, cebolla de verdeo y... arvejas.

Cuando abrió las puertas de su enorme casa en Devoto, la rubia aclaró que no iba a hacer nada con carne: “Soy vegetariana desde chiquita y nunca me gustó la carne”, aseguró, mientras empezaba a lavar y picar la cebolla de verdeo que la hizo llorar.

Como todos los días de lunes a viernes, antes de meterse en la cocina ensayó tres horas sobre el hielo para la nueva propuesta de Showmatch, Patinando por un sueño, que finalmente se puso al aire el 9 de agosto, después de varias postergaciones. En el momento de la entrevista y antes del inicio del programa, Evangelina decía: “Estoy harta, ya tenemos tres coreografías listas y estamos así, que largamos que no largamos, que en abril, que en mayo. Eso te quita el entusiasmo, pero como les está yendo muy bien con Bailando y está el tema de la competencia con Gran Hermano, el comienzo de Patinando depende de eso”.

Mientras revolvía los fideos, la modelo de rasgos perfectos admitió que notó un cambio en su cuerpo desde que entrena para el programa de Marcelo Tinelli: “Mirá, tocá –le dijo a esta cronista, para envidia del fotógrafo y de todos los lectores-, tengo la cola y las piernas duras como piedras, además subí de peso porque aumenté la masa muscular y eso para mí es muy bueno porque tengo tendencia a adelgazar”, aseguró la modelo, mostrando el suplemento vitamínico que toma y explicando que del huevo come solamente la yema porque la clara no le gusta.

Como buena nena mimada, Evangelina vive con sus padres y dos de sus tres hermanas. El pulóver que tiene puesto se lo tejió su mamá, la misma que la malcría haciendo comida para todos y un plato especial para la más famosa de sus cuatro hijas.
Es cierto que hizo el intento y se fue a vivir sola, pero no funcionó: “Volví porque me sentía muy sola, acá me siento muy cómoda, no hago nada”, admitió, sin ningún asomo de culpa.

Evangelina se recibió de maestra jardinera a pesar de tener todos los pronósticos en su contra: “Cuando yo empecé nadie apostaba por mí, porque yo era rubia y llamativa, pero de 30 que empezamos nos recibimos 9 y al final todas me pedían consejos sobre cómo tratar a los nenes, porque ellos querían siempre conmigo”, recordó “la seño” más bonita del jardín.

Pero claro, nunca llegó a ejercer como docente porque se le cruzó en el camino Mónica Corona, quien la inició en el mundo del espectáculo y hasta la bautizó “Mi apellido real es Paterno –con acento en la o-, pero Mónica empezó a llamarme Anderson y cuando puso ‘Evangelina Anderson’ en la cartelera del teatro no me lo pude sacar más”, contó Evangelina y admitió que a su papá le hubiera gustado que llevara su apellido real.



Así fue que empezó a hacer revista con Jorge Corona, con quien actuaba en sketches en los que, según ella, aprovechaba toda la capacidad histriónica que le había dado el magisterio.

Después se fue seis meses a trabajar a Chile, donde participó en el programa Morandé con compañía. “Mientras estaba allá con Kike Morandé, que es como el Tinelli chileno,  me llamó Gerardo Sofovich y me pidió que viniera a hacer comedia porque me había visto en unas revistas –relató Anderson- y ni lo dudé, me encantó la posibilidad de trabajar acá y más de la mano de Gerardo que es el mejor productor. Ahí estuve 10 meses con Iliana Calabró y el Chino Volpato, seguí con él el verano pasado en Carlos Paz, con la revista de Sofovich y ahora estoy con Patinando y viajando mucho los fines de semana al interior para hacer desfiles”.

Además, toma clases de clásico para trabajar la postura y la elongación, los viernes hace un show en un boliche y está haciendo muchas campañas gráficas. Como si esto fuera poco, además de entrenar a la mañana, a veces va a patinar sola a la tarde, cuando tiene un ratito.

A diferencia de Bailando, en Patinando no hay un soñador, sino que el sueño lo elige la pareja: “Como mi compañero es cordobés, elegimos entre los dos una Fundación que atiende a chicos que fueron abusados, maltratados y violados por los padres, de cero a cinco años, así que para mí es un compromiso grande y por eso trato de matarse, de no faltar y de aprender mucho”, explicó la vedette.

Con respecto a su expectativas, Evangelina confesó que al principio se ilusionó mucho, porque resultó ser muy buena sobre el hielo: “Con el tiempo se me fue pasando un poco la ilusión, porque me di cuenta de que no suma tanto cómo patinás ni las ganas que tengas, sino otras cosas y aunque yo no soy de pelearme, es cierto que te buscan, porque hay chicas que buscan prensa, que quieren llamar la atención y a veces uno cae en la volteada, pero hay que tratar de no prenderse”, señaló Anderson y dijo que ella sufre cuando la atacan o cuando alguien habla mal de ella –cosa que quedó demostrada cuando lloró en la pantalla chica, en plena pelea con Fernanda Vives, la esposa de la Tota Santillán-.

La modelo, que el 23 de julio cumplió 24 años, eligió un festejo atípico: organizó la fiesta del semáforo. Antes de su cumple y cortando aceitunas, Evangelina explicó la consigna en su casa: “Los que están solteros van con una prenda verde, los que están de novios o tienen alguna cosita así nomás van de amarillo y los que están casados de rojo”. Pensando en su atuendo verde y mientras rehogaba la cebollita de verdeo, la rubia le pidió a la cronista de minutouno.com que la ayude a conseguir novio: “Estoy sola desde enero y ya no aguanto más”, dijo, aunque no lo crean, y armó una fuente impresionante con su plato de pastas.

Más agotada que después de un día de entrenamiento, Evangelina se animó a probar su obra: “¡Ay, no lo puedo creer, me salió rico!”, se asombró y no paró de insistir hasta que logró que todos comieran sus fideos, a pesar de que eran las cuatro de la tarde.


 


 


Gabriela Lima

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