Una reflexión sobre el "efecto Francisco"


Escribe Marcelo Figureoa (*)

Una forma de reflexionar sobre el "efecto Francisco" en este primer año de papado es intentar discernir su particularísima mirada de la fe. Además, es interesante comprender de qué manera asocia a ésta con la realidad y las prioridades que ha establecido para su comienzo apostólico petrino.  En otras palabras, intentaré ponerme "los anteojos de Francisco" para entender su mente y acciones.

Dejando de lado el dedo acusador para utilizar el abrazo acogedor, mira el dogma católico a través de la misericordia. Si leemos su primer documento "La alegría del evangelio", podemos afirmar que direcciona la misión soteriológica de la Iglesia por medio de la alegría. Desde sus acciones concretas particulares e internacionales piensa en una paz que no sea ajena a los ojos de la justicia. Mirando al objeto principal de esa justicia, no pierde de vista a los pobres, tal como lo adelantó a cientos de periodistas "Como quisiera una Iglesia pobre para los pobres". Desde su primer discurso ante más de cien dignatarios mundiales hasta hoy, leyó su lugar de poder solo a través del servicio. Del mismo modo,  claramente concibe su lugar de autoridad  sin atisbo de auto referencialidad, por el contrario, colocando al "otro" como protagonista, a quien enfoca su mirada colmada de alteridad. Por mi experiencia personal en el diálogo interreligioso juntos, y sus último gestos como papa hacia  otras confesiones de fe, no ha dejado de acercase a nosotros como un  hermano. Ha demostrado que no huye ni intenta minimizar un conflicto, pero siempre lo lee a través de su cultura del encuentro.  En todas sus homilías diarias, semanales o especiales, siempre he percibido que ha leído la Biblia y el Evangelio con los anteojos de la cultura actual. Finalmente, ha demostrado que su estilo de papado  es modelado, tiene un referente y ejemplo, se trata del mismo Jesucristo.

(*)   Evangélico practicante, amigo personal de Jorge Bergoglio


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