La revancha de la cerveza industrial contra la pinta artesanal
Puede que estén de moda los bares de birra "casera" de todos los colores y sabores, pero las etiquetas tradicionales sumaron presentaciones y variedades para alegría de sus fieles adeptos.
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Por Antonia Cossio
Ahí donde los botellones de cerveza artesanal prometen 1.8 litros de elixir "hecho a mano", el Draught Keg de Heineken (que no es otra cosa que el sueño del barril de cerveza tirada en la propia casa) ofrece la precisión de un termómetro incorporado para asegurarse de que la bebida está a la temperatura ideal para ser tomada.
De hecho, la stout de Quilmes comenzó a producirse hace 10 años. La marca ya tenía la Bock, pero su sabor robusto no se compara con el dulzón e intenso de la malta tostada de la stout que se suma a las Munich y Pilsen de la receta de Di Motta, una adaptación para agradar a la mayor cantidad posible de consumidores locales.
Mientras los neófitos de la cervecería artesanal pueden llevarse una o varias desilusiones con pintas que no cumplen con la experiencia de sabor prometida, los aficionados a las marcas industriales tienen la certeza de tener su bebida a elección en cualquier rincón del país, y siempre con una calidad pareja.
Como siempre, todo queda en el gusto y la audacia del consumidor.
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