Guía para festejar un Halloween criollo

*Con seguidores y detractores, no hay duda de que los festejos de Halloween se instalaron en nuestro país.
*Aquí, una serie de propuestas para “argentinizarlo”.

El origen de la celebración de Halloween se remonta a la cultura Celta en Irlanda. La costumbre atravesó tiempos y océano y logró imponerse a fuerza de globalización en la Argentina.

Entre nosotros están quienes piensan que no debería festejarse, por ser una costumbre extranjera. Y que, en cambio, habría que darle más importancia a las tradiciones locales. Otros ven en la celebración una gran oportunidad comercial para hacer una diferencia de ingresos ligándose a una fiesta que apasiona a los jóvenes y sirve para vender una amplia variedad de productos alusivos.

Entre las dos posturas hay gente como Ada Eroles, una psicóloga, abuela de un adolescente, que hace tiempo se propuso un desafío bastante original: organizar cada año para su nieto y sus amigos el "Jalogüín criollo".

“Halloween se vino y se vino -dice Eroles-. Veía que mi nieto estaba fascinado con la novedad y que sus amigos lo tenían muy presente. Sobre todo los que van a escuelas bilingües que toman la fiesta como parte de la materia de inglés. Entonces se me ocurrió relacionarlo con algo muy latino como es el culto a los muertos en su día”, dice la abuela, disfrazada de bruja, mientras le pasa a minutouno.com la receta secreta de Jalogüín:

- Primero lo básico y esencial: Cambiar el cartel de “Happy Halloween” por un “Bienvenidos al Jalogüín”.

- En vez de calabazas redondas, calar los tradicionales zapallos ancos que se usan para el puré. Dibujar los rasgos con marcador negro indeleble y poner adentro una vela encendida.

-Preparar comida bien autóctona: empanadas y choripanes para empezar y tortas fritas para la madrugada.

-Armar bolsas de caramelos, porque en este Jalogüín se hace honor a la generosidad criolla y, en vez de ir por los departamentos pidiendo golosinas, hay que ir a ofrecerlas.

-Alquilar varias películas de terror y ofrecer mate y bizcochitos en vez de “palomitas de maíz”.

-Los invitados, previa asistencia a la fiesta, reciben por mail una leyenda de algún espíritu aterrador de los pueblos originarios y tiene que venir disfrazados de acuerdo a lo leído y presentar el personaje a los demás, relatando la historia con las luces bajas.

-Aterrar a los jóvenes –a medida que van llegando-, con un discurso sobre las tradiciones locales relacionadas con el culto a los muertos: el Día de Los Muertos en una época era feriado, se visitaba el cementerio y se llevaban flores. Era una jornada especialmente dedicada a recordarlos.

El nieto de Eroles tiene 14 años y éste es su cuarto Jalogüín. “Los chicos aceptan las consignas felices y se apasionan con el evento -cuenta la psicóloga-. Además, apenas se acerca el 31 de octubre, empiezan a sonar los teléfonos para ver qué leyenda les va a tocar contar”.

Por último la abuela da otro concejo: para musicalizar este anti-Halloween, “música nacional y algunas piezas de ópera de ésas que paran los pelos”.
La fiesta termina con un campeonato de truco, con porotos y todo.

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