¿HAY SADISMO EN GRAN HERMANO?

En la Argentina, los participantes son privados del sueño. En China, a partir de hoy, seis personas vivirán en una jaula y tendrán que hacer, literalmente, la del mono. ¿Atraviesa la tele una época de sadismo globalizado?


Gran Hermano les quitó el sueño a los participantes y fuera de la casa televisada, estalló la polémica. Conforme a las reglas del programa, los jugadores ven incrementado o disminuido el presupuesto semanal destinado a su manutención según ganen o pierdan la prenda que se les asigna. En la última semana, el desafío consistió en dormir sólo 19 horas durante cinco días. Como era de esperar, la iniciativa de la producción fue cuestionada por las voces del sentido común.

Sabido es que la privación del sueño altera el equilibrio psicofísico. “Gran Hermano es un juego”, se encarga de puntualizar Jorge Rial en cada una de las galas del ciclo que conduce. ¡Pero con la salud no se juega!, saltaron los medios y la audiencia cuando los jóvenes empezaron a mostrar las huellas del cansancio en la pantalla. Sobre los productores cayó la sospecha de ser una banda de sádicos dispuestos a poner en riesgo a los participantes con tal de incentivar el surgimiento de conflictos y desbordes para aumentar el rating. Lo extraño es que nadie se detuvo a observar la otra cara de la cuestión: la de los quince seres humanos que aceptaron el desafío sin chistar. Vale aclarar que todos ellos son personas en edad de asumir responsabilidades tales cómo decidir en las urnas quién será el próximo presidente de la República Argentina, por caso.  

Es evidente que en esta oportunidad, la producción de Gran Hermano eligió jugar con fuego, a riesgo incluso de salir chamuscada. Expertos en el oficio de hacer televisión, es obvio que previeron los sermones que les lloverían y que razonaron con pragmatismo mediático: aunque sea mal, que hablen. No en vano, en la gala del jueves último, Jorge Rial señaló que la cantidad de horas de sueño permitidas no era muy inferior a la que habitualmente duermen estos jóvenes, por elección propia, en la casa que late. No consideró, claro, que a diferencia de lo que sucedería durante la prueba, en su cotidiano desorden del sueño y la vigilia, los participantes dormitan en sillones y reposeras cuando les viene la gana.

Todo eso es verdad. Pero permítanme detenerme por un momento en  la actitud de los jugadores. De tanto hablar de “los chicos” de Gran Hermano, la opinión pública termina confundiéndolos con criaturas desvalidas. Yo me niego a posar sobre ellos esa mirada paternalista que los compadece por estar sin dormir en función de una prueba. Son gente adulta -algunos madres y padres de familia; otros, universitarios- y dotada del libre albedrío. No están presos sino encerrados voluntariamente con el objetivo de que un programa de TV les permita ganar cien mil pesos o fama o las dos cosas juntas. En virtud del reglamento del ciclo, cuando les informan la prueba semanal pueden apostar un porcentaje que va del 10 al 90 por ciento del presupuesto estipulado. Pues bien, podrían haber optado por el porcentaje mínimo, darlo por perdido de entrada y echarse a dormir a pata suelta.

Más aún, podrían haber tomado para sí el papel de los abanderados de la dignidad del hombre renunciando al programa en masa con el argumento de que la televisión quería jugar con la salud ajena. Pero, ¿qué hicieron, en cambio? Aceptaron el desafío sin mosquear y sin cuestionar nada que no fueran sus propias fuerzas para mantenerse despiertos. Tras una breve deliberación, se declararon capaces de resistir a la tentación de Morfeo, arriesgaron el 90% y pusieron su creatividad al servicio de un único objetivo: hallar los mecanismos para ahuyentar al sueño. 

¿Qué quieren que les diga? Si los productores estuvieran cayendo en el sadismo me imagino que los participantes han de estar celebrando el resbalón con un enorme goce masoquista. Dicen que para bailar el tango, se necesitan dos. Para forzar los límites de un reality show, también.  Y si no, fíjense en un ejemplo made in China. Allí, tomando a Gran Hermano como fuente de inspiración, a partir del miércoles 7 de febrero, tres hombres y tres mujeres convivirán durante cinco días con  65 monos en una jaula del zoológico de la ciudad de Qinling, donde tendrán que imitar el comportamiento de los simios. Diariamente, la dirección del zoológico les dará una mínima ración de comida para incentivarlos a conseguir el resto del mismo modo que los animales: haciendo monerías para el público que los visite y quiera gratificarlos arrojándoles alimento a través de los barrotes. Eso sí, a diferencia de los verdaderos monos, los jugadores no dormirán en las ramas de los árboles sino en dos carpas. Y a partir del tercer día, tendrán  derecho a ser atendidos por un psicólogo. ¿El premio para el ganador? Nada del otro mundo: un  cheque de 11.888 yuanes (aproximadamente 1500 dólares) y un pase para entrar gratis al zoológico durante un año.

Pregunto: ¿no habrá algo que funciona mal fuera del territorio de la tele si esta gente decide desafiar a Darwin protagonizando la involución de las especies y si tanta otra gente juzga que este espectáculo merece ser visto? Es cierto: a veces, el sueño del rating engendra monstruos. Pero del otro lado de la pantalla no falta quien los alimente para que crezcan sanos y fuertes.


 


 




COMENTARIOS

 


Martin- 08-02-2007 13:24

Adriana, obvio que los chicos son unos descelebrados, eso esta claro desde el momento que aceptan entrar y que la decisiòn la toman ellos. Pero eso no significa que haya que tentarlos a tomar decisiones estupidas. Y es verdad que el tango se baila entre 2, pero no podemos decir que estos 2 son iguales. Decir esto es como creer en la teoria de los 2 demonios sobre nuestro violento pasado. Aca el estado es la producciòn y ellos en todo caso son unos montoneros pone bomba que màs allà de su culpabilidad no tienen el poder de su adversario. No es un juego limpio.
Martin




Aníbal- 08-02-2007 11:56

Cómo no va a aceptar lo que se les imponga si les habrán hecho firmar un montón de cláusulas opresivas en sus contratos!




Mirela- 08-02-2007 10:05

too much !!!!!!!




Luis- 07-02-2007 20:28

Realmente es muy sádico, hasta dónde el hombre puede llegar por ganar dinero, porque en realidad, en el fondo exponen su salud psíquica y física, además del morbo que tienen los expectadores de ver sufrir a los que están dentro.

Dejá tu comentario