Historias de vidas marcadas

*Prof. Leonardo Sepiurka.

Recuerdo aquella frase que decía que "unos nacen con estrellas y otros nacen estrellados". Reservado a las personas este dicho es también aplicable a los animales. Las frías estadísticas hablan de expectativas de vida o promedio de vida, y de eso se trata, ya que los promedios se logran a partir de la sumatoria de los casos individuales. Cada individuo es único y conlleva su propia historia.


 


Mi paciente más longevo fue un gato de veinticinco años y medio seguido en la casuística por un canino pequinés tan solo dos años menor. Estos gerontes se encasillarían en la quinta edad, si pretendiéramos hacer un paralelismo cuando hablamos de los humanos de la tercera edad, considerándose en ellos hoy otro grupo  de la cuarta edad logrado por la prolongación de la vida.


 


Volviendo a las estadísticas, relevamientos hechos en  Buenos Aires constataban que el promedio de vida de los caninos de este estado provincial rondaban los siete años. Si uno suma uno, más cinco, más nueve, más trece y lo divide por cuatro, da siete. Este es el resultado promedio de los años vividos por cuatro individuos tomados al azar en esta estadística supuesta, pero que reflejan casos de animales que pueden haber muerto prematuramente por problemas congénitos, por cuadros infecciosos frecuentes en la joven edad -parvovirus o moquillo-, o a distintas edades como resultados de muertes por peleas con otros congéneres, o por distintos tipos de accidentes domésticos y callejeros.


 


En la rutina de cada día de hospital se presentan en consulta pacientes con diversos cuadros que abarcan las distintas ramas de la medicina.


 


Cito como ejemplo un par de historias que refieren al título de esta nota:


 


Concurre un cachorro de dos meses con signos de gastroenteritis compatible con parvovirosis canina. Los estudios confirman el diagnóstico y tras tres días de terapia semintensiva el organismo del animal permite que supere el cuadro dándole el alta.


 


Algo nos hace creer en nuestro pensamiento que le hemos torcido el brazo al destino. A los meses nos cruzamos con su propietaria y le recordamos que se le olvidó volver para continuar con el plan sanitario y completar sus vacunaciones preventivas; su respuesta inesperada nos pone al tanto de la razones: "Boby murió atropellado cuando se escapó de casa".


 


En otro momento, una paciente que de chica había cursado un cuadro similar cumple con sus visitas y completa su plan, pero luego de su primer celo se escapa y es servida por un perro de la calle. Gesta cinco cachorros pero en el acto de la cópula pero ese macho la contagia de un tumor venéreo que requiere cirugía y quimioterapia. Supera ese cuadro y hace tan solo un par de días que retorna en consulta por "un pequeño bulto en la espalda", -que de pequeño no tenía nada- y que luego de realizar una toma de muestra-biopsia con aguja fina, el rápido diagnóstico histopatológico nos informa de un tumor de alta malignidad.


 


En estas crónicas de muertes anunciadas uno debe pensar en las brujas o en el destino que cada uno tiene asignado. Sin entrar en el terreno del esoterismo, y diferenciando las casualidades de las causalidades, me atrevo a decir que si estamos escritos en el libro de la vida, seguramente tendremos asignado el trecho que cada uno recorrerá.


 


Pero a las estadísticas y a la vida hay que ayudarlas, y para ello se deberán realizar las visitas rutinarias, las vacunaciones necesarias, y proveer alimentación saludable y ejercicios programados.


 


Conociendo que los animales de razas pequeñas viven más tiempo que los de razas grandes y gigantes, la elección de quien nos acompañará recaerá sobre nuestra decisión, pero también el manejo y las actitudes necesarias para despejar las variables que puedan condicionar a lo que genéticamente está predeterminado.


 


Lo otro queda en manos de Dios y del destino.

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