Ingrid Betancourt acerca al derechista Sarkozy con la izquierda latinoamericana
Por Claudio Fantini
En Francia, Sarkozy es tan repudiado por la izquierda dura, la socialdemocracia y el centro progresista como lo es Berlusconi en Italia. Sin embargo, es el presidente francés que mejor se ha llevado con algunos gobiernos nacionalistas de izquierda de América Latina. Y la explicación de esta verdadera curiosidad está en el caso Ingrid Betancourt.
Ahora bien, el más inextricable de los misterios es la razón por la que las FARC no han liberado a la célebre cautiva, cuyo selvático tormento ha sensibilizado al mundo entero. Obviamente, liberándola se queda sin su carta más valiosa para negociar con el gobierno colombiano y sin su más sólido escudo humano para defenderse de una embestida militar en gran escala. De todos modos, muerta no le servirá ni para negociar ni para escudarse. Por el contrario, significará el más demoledor golpe contra la imagen de las FARC, de por sí fuertemente dañado desde que el mundo vio la postal de la cautiva sufriente.
Si la generalizada sensación de que la ex candidata está gravemente enferma y sin voluntad de vida, entonces ¿por qué no liberarla antes de su muerte en la selva desate una ola de repudio internacional sobre las FARC? Es cierto de que la muerte de Betancourt dañaría también la imagen internacional de Uribe, debido a su negativa a conceder la zona desmilitarizada exigida por Tirofijo para negociar la liberación de los rehenes; pero está claro que dañaría más a la imagen de la guerrilla que le quitó la libertad y la sometió a un cautiverio atroz.
La búsqueda de respuesta a tales interrogantes plantea, entre otras, las siguientes hipótesis. Una es que la guerrilla aún crea realmente en forzar la desmilitarización de un territorio, considerando inaceptable cualquier otro tipo de negociación por el recuerdo de aquel diálogo con el gobierno de César Gaviria (1990-94), cuando mientras dialogaban los delegados gubernamentales con la llamada Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, que agrupaba a las FARC, el ELN, el movimiento Quintín Lame y el M-19, el ejército colombiano arraso los cuartes de las FARC en la región de Casa Verde.
Otra hipótesis es que la actual situación de la guerrilla sea de una inmensa indefensión ante una probable ofensiva militar en gran escala, por lo que no tiene más alternativa que aferrarse a su escudo humano más efectivo, hasta el último latido de su angustiado corazón.
Pero quizá la hipótesis más sólida tenga que ver con lo que Ingrid Betancourt podría decir sobre las FARC si recuperara su libertad. Lo que mostraron los anteriores casos es que los rehenes liberados por la guerrilla son cautos al hablar públicamente sobre lo que vivieron en la selva. Por cierto, ninguno elogió a sus carceleros, pero eludieron discretamente las preguntas periodísticas que los conducían a descripciones más descarnadas sobre los padecimientos vividos en la selva. Y todo parece indicar que Ingrid Betancourt podría no atenerse a esa regla de silencio.
Los rehenes liberados coincidieron en señalar que con ella los guerrilleros “se habían ensañado”. Otros relatos hablan de varios intentos de violación y de tratos humillantes. Además, el hecho de que haya intentado escaparse varías veces, sufriendo después largos períodos encadenada, parece confirmar que Ingrid Betancourt jamás se quebró moralmente ante sus captores. Siempre estuvo en actitud de rebelión, lo cual agravó sus padecimientos y profundizó un odio mutuo que podría explicar por qué Tirofijo se resiste a liberarla, a pesar del peligro de que su muerte en la selva estalle contra la imagen internacional de la guerrilla.
En otras palabras, la posibilidad de que, al recuperar su libertad, Betancourt describa con lujos de detalles sus padecimientos y exprese, como no lo han hecho Clara Rojas, Consuelo González y los demás liberados, su aborrecimiento al régimen guerrillero que convirtió la selva en su propio campo de concentración, es lo que impide a Tirofijo deshacerse de la mujer que el mundo le está reclamando.
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