Inventar y vender ideas: 0% de vergüenza, 1% de inspiración y 99% de ejercicio
La creación de ideas es un proceso consciente de búsqueda. A diferencia de lo que cree la mayoría, todo está basado en la ejercitación y la dedicación; buscar una idea, pensar un proyecto novedoso no es cuestión de “inspirarse” mirando el horizonte, no tiene nada que ver con sentarse a esperar a que se te ocurran genialidades. Ese razonamiento es típico de los vagos o de los cobardes que prefieren mantenerse en una mediocridad cómoda y aburrida.
Para los que prefieren una actitud más activa, una de las maneras más efectivas de sintonizar el “estado creativo” es captar las necesidades de la gente, ejercitar una mirada abierta con el mismo entusiasmo con el que va al gimnasio a levantar el culo o a bajar el “salvavidas”. En este caso, se trata de entrenar la mirada, de ir por la vida observando lo que sucede alrededor. Quien anda con el ojo atento, encuentra en cada metro de calle una idea, algo que falta o no se utiliza en todo su potencial, es decir, una oportunidad o, como dicen los hombres de negocios, un “nicho” de mercado. Para descubrirlos, hay que rastrillar los problemas, las tendencias y ver cómo insertarse en el sistema; pensar qué necesita esa persona que se queja de algo, qué le falta, qué le molesta hacer y cómo se le puede vender una solución, no sólo creando genialidades “desde cero”, sino también adaptando en tiempo y espacio lo que ya existe.
Yo siempre me pregunto: ¿por qué no hay una máquina para planchar camisas? Es cierto que existen algunas, pero son industriales; para las casas, no hay nada y el gran problema del hombre que vive solo es planchar camisas (y del que vive con una miujer también, porque las minas tampoco tienen idea de cómo estirar una manga sin que se les doble el cuello).
Los que aplican de manera perfecta esta observación minuto a minuto de las necesidades que flotan en el aire son los vendedores ambulantes, especialistas en renovar su fuente de ingresos a cada instante.
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