Investigan torturas en un centro para drogadictos

Télam
Por Télam

  • Según denunciaron cuatro ex internos, les arrojaban agua podrida, simulaban ahogarlos y los obligaban a caminar con los codos.
  • A raíz de los malos tratos, los chicos se fugaron del centro y deberán enfrentar un juicio oral.

Los responsables de un centro bonaerense de rehabilitación para drogadictos serán investigados por las presuntas torturas a que sometían a adolescentes a quienes encerraban en un pozo de tierra donde les arrojaban agua podrida, simulaban ahogarlos en una pileta y obligaban a caminar con los codos como "medidas educativas".

La decisión fue dispuesta por el fiscal general interino de San Martín, Héctor Leonardo, contra ex miembros de la comunidad terapéutica "Volver a Empezar" que funcionaba en  a localidad bonaerense de Tortuguitas y era dirigida por el médico psiquiatra Silvio Hoffman, informaron ayer fuentes judiciales.

En 2005, cuatro adolescentes fueron enviados por el juez de menores de Tucumán Oscar Ruiz a la Fundación Hoffman, que nunca los recibió porque no rehabilitaba drogadictos y los derivó a la comunidad terapéutica.

El juez los mandó a Buenos Aires porque en Tucumán no hay centros de rehabilitación para adictos a la marihuana y la cocaína y el gobierno de esa provincia decidió firmar un convenio con la fundación.

Pese a que los familiares de las víctimas vienen denunciando las torturas desde hace dos años y las lesiones de los chicos fueron corroboradas por la Secretaría de Derechos Humanos, el fiscal de San Martín Héctor Scebba dispuso el archivo de la causa.

Sin embargo, ahora Leonardo decidió apartarlo del expediente por haber adoptado esa decisión "de manera prematura e improcedente" y el caso pasó a la fiscal Fabiana Ruiz, a quien se ordenó tomar declaración a testigos nunca citados, como ex empleados del centro.

El fiscal general sostuvo el archivo es "inadmisible" porque de la causa surge que los entrenadores, coordinadores y el director de la comunidad (ocho en total) podrían ser coautores de torturas, privación ilegal de la libertad y lesiones.

Para el fiscal, los responsables del centro "conocían el trato metódico de tormento físico-psíquico dispensado a los adictos, infringido tanto como castigo o represalia, como para hacerlos objeto de sufrimientos sin justificativo o sentido alguno".

A raíz de los malos tratos, los chicos se fugaron del centro y deberán enfrentar un juicio oral, ya que esa causa, también a cargo de Scebba, a diferencia de la de las torturas, se tramitó rápidamente.

El abogado de dos de las víctimas, Walter Reinoso, dijo que "ahora se va a averiguar realmente la verdad de lo acontecido en el centro de rehabilitación" y destacó que "el daño sufrido por estos menores es irreversible".

Según declaró en la causa Marcelo M., como "medida educativa" tenía que "realizar un pozo en el que sólo podía estar con una prenda", en su caso un short, y que pese a que era invierno, debía permanecer todo el día allí adentro y sólo lo dejaban salir para comer, cuando le daban "sobras" del resto de los internos.

Otro que sufrió el castigo del pozo fue Matías R., quien explicó que en una oportunidad le arrojaron "agua podrida que sacaron del interior de la pileta".

Marcelo, ex interno del centro, aseguró que uno de los coordinadores lo quiso "ahorcar" y que "una de las formas de castigo era caminar con los codos y rodillas sobre piedritas por toda la quinta" y luego los metían "dentro de la pileta".

Allí, los chicos sufrían tal vez el castigo más duro: Matías R. declaró que "solían sumergir a alguno de los internos en la piscina y obligarlo a mantenerse a flote por más de una hora hasta que tres o cuatro mayores ingresaban y entre todos lo sumergían hasta que quedara exhausto".

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